jueves, 16 de julio de 2009

Fotografía para todos: La exposición, parte I

Ya hemos visto los principales parámetros que hay que tener en cuenta al tomar una foto. Si habéis leído con atención los anteriores cuatro artículos, os estaréis preguntando “ya sé lo que es la apertura y la velocidad, pero, ¿cómo las elijo al hacer una foto?”.

Es una buena pregunta. Y la respuesta no es sencilla. Antiguamente se usaban una serie de “recetas” simples para calcular apertura y velocidad en función de las condiciones de iluminación. Por ejemplo, con película ISO 100 (o, como se decía entonces, “100 ASA”), en un día soleado usaríamos una velocidad de 1/60 s. y una apertura de f/11, mientras que si disparásemos a la sombra o el cielo estuviera nublado, pasaríamos a usar aperturas de f/8 y f/5,6 -respectivamente-, manteniendo la misma velocidad.

Los “niños ricos” disponían de un aparato llamado fotómetro, que medía la cantidad de luz de una escena y calculaba la apertura necesaria para una velocidad de obturación dada. En cualquiera de los dos casos, la estimación de la exposición se acababa haciendo más o menos hacía a ojo. Pero tampoco tenía mayor importancia, porque la película suele admitir bastante bien los errores de exposición, sobre todo si sobreexponemos (un fotógrafo experimentado resumiría esta frase diciendo que la película “tiene gran latitud”).

Con la fotografía digital la teoría es la misma, pero cambia cómo la aplicamos. Lo primero que hay que tener en cuenta es que las cámaras digitales admiten menos margen de error de exposición (tienen menos latitud), por lo que es crítico elegir la exposición adecuada. Afortunadamente, hoy en día, la mayoría de las cámaras químicas y todas las digitales incluyen un sistema de medición equivalente a un fotómetro, que nos asiste a la hora de elegir los parámetros, o incluso los fija por nosotros. La forma en que se hace esto viene determinada por el modo de exposición que seleccionemos en el dial de modos de la cámara.


Dial de modos de mi cámara, una Canon PowerShot A720 IS

Los modos más sencillos son Automático y Programa (etiquetados habitualmente como Auto y P). Estos dos modos son similares, y dejan la elección de los dos parámetros (apertura y velocidad) enteramente en manos de la cámara. Se diferencian únicamente en que el modo Programa ofrece algunos controles adicionales sobre el modo Automático. Estos modos son los únicos disponibles en la mayor parte de las cámaras compactas, ya que son los más adecuados para alguien que simplemente quiere sacar la foto sin preocuparse de nada más. Pero si somos un poco serios con la fotografía o queremos aprender, en seguida se nos quedarán pequeños.

Un poco más complejos son los modos de Prioridad a la Apertura (A o Av) y Prioridad a la Velocidad de Obturación (S o Tv). En estos modos, nosotros fijamos uno de los parámetros (la apertura o la velocidad de obturación, respectivamente), y la cámara determina el otro, en función de la luminosidad de la escena. El modo de Prioridad a la Apertura es adecuado cuando nos interesa controlar la profundidad de campo, y el de Prioridad a la Obturación, cuando queremos seleccionar una determinada velocidad.

Por último, nos encontramos el modo Manual (M). En él, quedan en nuestras manos tanto la apertura como la velocidad de obturación, y somos los únicos responsables de conseguir una imagen correctamente expuesta. Es, quizás el más sencillo de entender, pero también es el más complicado de aplicar. En este modo podemos aplicar las recetas de la fotografía clásica, por supuesto, pero casi todas las cámaras nos ofrecen algún tipo de indicación sobre la luz de la escena (histograma, desviación de la exposición recomendada, etc.), que nosotros podemos utilizar, como si de un fotómetro se tratara, para ayudarnos a decidir apertura y velocidad.

Y esto es todo por hoy. Quedan aún un par de temas por tratar respecto a la exposición, pero para no hacer más largo este artículo, los dejaremos para el próximo día.

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