Hace ya casi siete años, en octubre de 2007, Asus lanzó una máquina mítica: el Asus Eee PC 701, considerado el primer netbook de la historia. Desde mediados de los 90 habían ido apareciendo los llamados ultraportátiles, máquinas que empaquetaban una potencia razonable en apenas un kilogramo de peso. Pero Asus redefinió las reglas lanzando una máquina de gama baja, ligera, y con disco en estado sólido y duración de batería sobresaliente (hasta 6 horas según las condiciones). Todo ello orientado a su característica más sobresaliente: un precio realmente ajustado para lo que ofrecía. Otras marcas le siguieron, notablemente Acer con su gama Aspire One.
Incomprensiblemente, los fabricantes destrozaron el concepto de netbook. Lo que era una máquina ligera, pequeña, robusta y barata se fue convirtiendo en un miniportátil de 12”, con casi dos kilos de peso, discos duros enormes y frágiles, y precios cercanos a los 400 Euros. Claro, entre una máquina con esas limitaciones y precio, y un portátil completo por 500 Euros, ¿cuál compraríais? Por ello, las ventas cayeron en picado, y los fabricantes fueron retirando sus modelos. En enero de 2013 tanto Asus como Acer dejaron de fabricar netbooks.
Pero para entonces había surgido ya una alternativa: los Chromebooks, portátiles de gama baja (procesadores poco potentes, unidad SSD de reducido tamaño y precio en torno a los 300 Euros) que, como su nombre indica, corrían el sistema operativo Chrome OS de Google (básicamente un Linux diseñado para correr una única aplicación, el navegador Google Chrome). La idea era interesante, pero el punto flaco era que si nos quedábamos sin conexión, el ordenador se convertía en un portapapeles. Aun así, los Chromebooks consiguieron unas ventas discretas.
Avancemos a 2014. En primavera, Microsoft anunció una versión de Windows (“Windows 8.1 con Bing”) gratuita para tabletas y mini-PCs (¿netbooks?) de 9” o menos. Y, curiosamente, una de las primeras ofertas con ese sistema operativo es una máquina recientemente anunciada por HP, el HP Stream, con un hardware muy similar a su Chromebook. Y al examinar los detalles, la sorpresa es doble: la pantalla es de 14” (muy por encima de las 9” que, teóricamente, son el máximo impuesto por Microsoft) y el precio es de 200 Dólares, sensiblemente inferior al del Chromebook equivalente.
¿Es este el inicio de un resurgir del concepto netbook? Android y Apple se reparten la mayoría del mercado de tabletas, pero siempre habrá necesidad de máquinas “de trabajo”, con teclado físico y especificaciones más orientadas a la creación de contenido (y la estabilización de las ventas de PCs en 2014, después de años de caída libre, apunta en esa dirección). Si es así, nos encontramos ante un futuro a medio plazo en el que los nuevos portátiles de bajo coste competirán con las tabletas en el mercado corporativo. El que mejor se le da a Microsoft.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
miércoles, 27 de agosto de 2014
Cine en 3D
Escribí este artículo en agosto de 2009, ¡hace la friolera de cinco años!, pero quedó en los archivos. El otro día me lo encontré, y me sorprendió lo poco que ha cambiado el panorama en todo este tiempo. Aquí os lo dejo.
* - * - * - *
Hace algunas semanas fui al cine con unos amigos. No lo hago muy a menudo, y los 9,50 Euros que pagué por la entrada me recordaron en seguida porqué. La película que elegimos fue Up, de Pixar. En tres dimensiones.
Hasta ahora no había optado por el cine en relieve debido a diferentes razones. Principalmente, porque me parecía más que nada una tecnología-márketing para reenganchar con el público (que cada vez tiene equipos más avanzados en su casa) y, de paso, conseguir convencer a las salas para dar el salto a los (extremadamente caros) proyectores digitales. Una segunda razón era que mi único contacto con un sistema de proyección tridimensional, hace un lustro en un parque temático, me había acarreado un dolor de cabeza tras sólo diez minutos de proyección.
Ahora que lo he probado, tengo menos recelos respecto a la tecnología. Sigo sin ver la diferencia entre el cine digital y el químico (en teoría un fotograma estándar de 35 mm. puede resolver más detalle que una imagen de 4K, la mayor calidad empleada en el cine digital). Pero, al menos, he dejado de ver la nueva tecnología como una atracción de feria. Vi las dos horas y pico de programa sin gran problema, con la única molestia de tener que ponerme unas gafas especiales sobre las que me son necesarias por mi miopía, y el inconveniente de ver una imagen ligeramente menos luminosa. Aunque también tengo que decir que mis amigos no vieron gran problema en esto último.
El visionado de escenas en relieve implica que cada ojo reciba, mirando hacia el mismo sitio, una imagen ligeramente diferente. La tecnología por la que se ha decantado la industria para el cine en 3D es la menos mala de las disponibles a día de hoy: la basada en luz polarizada. Por un lado, se emplean dos proyectores, cada uno con un filtro polarizador al frente de su óptica, uno de ellos rotado 90 grados respecto al otro; por el otro, los espectadores se ponen unas gafas que sitúan delante de sus ojos sendos polarizadores, de nuevo con un desfase de 90 grados y ajustados para corresponder con los proyectores. El resultado es que en la pantalla se proyectan ambas imágenes simultáneamente, pero cada ojo ve la que le corresponde y el cerebro interpreta el conjunto y da relieve a la escena.
El programa, por cierto, fue enteramente de animación por ordenador, y me hizo pensar sobre el uso de la nueva tecnología. Comenzó con un trailer del largometraje Cuento de Navidad en el que, en mi opinión, se abusó del juego con la profundidad. En numerosas ocasiones, objetos rompían la cuarta pared y se acercaban al espectador. Inicialmente, estas cosas llaman la atención, pero no pude dejar de pensar en el “estéreo analógico”, tan común en las primeras grabaciones estereofónicas de los años 60, y que abusaban del efecto colocando los instrumentos exclusivamente en los dos extremos del espacio. Las otras dos proyecciones (ambos de Pixar: el cortometraje Parcialmente Nublado y la película Up) fueron muchos más comedidas en ese sentido, y, ciertamente, más realistas.
En todo caso, habrá que ver si esta nueva forma de ver el cine se impone. Por de pronto, en estos tiempos de crisis, el subir el ya abultado precio de las entradas no parece buena política, y no creo que la imagen tridimensional sea un avance tan grande ni tan necesario como el cine sonoro o en color.
Hace algunas semanas fui al cine con unos amigos. No lo hago muy a menudo, y los 9,50 Euros que pagué por la entrada me recordaron en seguida porqué. La película que elegimos fue Up, de Pixar. En tres dimensiones.
Hasta ahora no había optado por el cine en relieve debido a diferentes razones. Principalmente, porque me parecía más que nada una tecnología-márketing para reenganchar con el público (que cada vez tiene equipos más avanzados en su casa) y, de paso, conseguir convencer a las salas para dar el salto a los (extremadamente caros) proyectores digitales. Una segunda razón era que mi único contacto con un sistema de proyección tridimensional, hace un lustro en un parque temático, me había acarreado un dolor de cabeza tras sólo diez minutos de proyección.
Ahora que lo he probado, tengo menos recelos respecto a la tecnología. Sigo sin ver la diferencia entre el cine digital y el químico (en teoría un fotograma estándar de 35 mm. puede resolver más detalle que una imagen de 4K, la mayor calidad empleada en el cine digital). Pero, al menos, he dejado de ver la nueva tecnología como una atracción de feria. Vi las dos horas y pico de programa sin gran problema, con la única molestia de tener que ponerme unas gafas especiales sobre las que me son necesarias por mi miopía, y el inconveniente de ver una imagen ligeramente menos luminosa. Aunque también tengo que decir que mis amigos no vieron gran problema en esto último.
El visionado de escenas en relieve implica que cada ojo reciba, mirando hacia el mismo sitio, una imagen ligeramente diferente. La tecnología por la que se ha decantado la industria para el cine en 3D es la menos mala de las disponibles a día de hoy: la basada en luz polarizada. Por un lado, se emplean dos proyectores, cada uno con un filtro polarizador al frente de su óptica, uno de ellos rotado 90 grados respecto al otro; por el otro, los espectadores se ponen unas gafas que sitúan delante de sus ojos sendos polarizadores, de nuevo con un desfase de 90 grados y ajustados para corresponder con los proyectores. El resultado es que en la pantalla se proyectan ambas imágenes simultáneamente, pero cada ojo ve la que le corresponde y el cerebro interpreta el conjunto y da relieve a la escena.
El programa, por cierto, fue enteramente de animación por ordenador, y me hizo pensar sobre el uso de la nueva tecnología. Comenzó con un trailer del largometraje Cuento de Navidad en el que, en mi opinión, se abusó del juego con la profundidad. En numerosas ocasiones, objetos rompían la cuarta pared y se acercaban al espectador. Inicialmente, estas cosas llaman la atención, pero no pude dejar de pensar en el “estéreo analógico”, tan común en las primeras grabaciones estereofónicas de los años 60, y que abusaban del efecto colocando los instrumentos exclusivamente en los dos extremos del espacio. Las otras dos proyecciones (ambos de Pixar: el cortometraje Parcialmente Nublado y la película Up) fueron muchos más comedidas en ese sentido, y, ciertamente, más realistas.
En todo caso, habrá que ver si esta nueva forma de ver el cine se impone. Por de pronto, en estos tiempos de crisis, el subir el ya abultado precio de las entradas no parece buena política, y no creo que la imagen tridimensional sea un avance tan grande ni tan necesario como el cine sonoro o en color.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Adiós, Amazon. Adiós.
Como podéis imaginaros, no soy un novato comprando en Internet. Tengo cuenta en al menos media docena de sitios de primera línea, y llevo ya la friolera de 13 años en eBay y PayPal (¡cuando creé mi cuenta ni siquiera tenían filial europea!). Y hasta hace un mes, por supuesto, tenía también cuenta en Amazon.
Tenía. He solicitado su cierre porque no tengo intención de volver a comprar allí.
Todo ha sucedido a raíz de una compra hecha hace dos meses. No es importante el artículo, pero sí cómo se desarrolló la operación. El vendedor tardó en enviar el artículo más de una semana tras el pago, y por ello le puse una calificación neutral. Me pidió varias veces que se la retirara, pero yo hice caso omiso: creo que es mi derecho (y obligación) dejar una calificación fidedigna. Y él, al ver que no conseguía convencerme, denunció mi calificación por “contener datos personales” (algo rotundamente falso), y logró que Amazon la retirase.
El asunto me pareció grave, y abrí una reclamación. El operador telefónico de Amazon, con una amabilidad exquisita, reconoció que tenía razón, y prometió que intentaría restituir mi calificación. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me fue comunicado que la calificación se había eliminado por completo, y que podía volver a dejarla.
Llegados a este punto, tenía serias dudas de que el vendedor no me volviera a tirar abajo una calificación similar. Y, por supuesto, tenía motivos para dudar de las calificaciones de los demás vendedores, visto lo fácil que es para un vendedor quitarse de encima las calificaciones incómodas.
En un sitio de comercio electrónico, las calificaciones son vitales: si no puedes confiar en la reputación de un vendedor, no puedes comprar. Lo único lógico fue, por tanto, cancelar mi cuenta en Amazon.
eBay tiene un sistema de calificaciones bastante robusto, DealExtreme es de fiar (llevo gastados cientos de Euros y aún no ha habido una sola reclamación que no hayan resuelto satisfactoriamente) y AliExpress es un charco de ranas, sí, pero con precios extremadamente bajos con los que merece la pena arriesgarse. Amazon no es fiable, su atención al cliente es educadísima pero completamente inútil (no hablo sólo de este incidente), y, debido a las draconianas cuotas que les cobran a los vendedores, cada vez es más caro. No hay razón para que siga usando sus servicios.
Adiós, Amazon. Adiós.
Tenía. He solicitado su cierre porque no tengo intención de volver a comprar allí.
Todo ha sucedido a raíz de una compra hecha hace dos meses. No es importante el artículo, pero sí cómo se desarrolló la operación. El vendedor tardó en enviar el artículo más de una semana tras el pago, y por ello le puse una calificación neutral. Me pidió varias veces que se la retirara, pero yo hice caso omiso: creo que es mi derecho (y obligación) dejar una calificación fidedigna. Y él, al ver que no conseguía convencerme, denunció mi calificación por “contener datos personales” (algo rotundamente falso), y logró que Amazon la retirase.
El asunto me pareció grave, y abrí una reclamación. El operador telefónico de Amazon, con una amabilidad exquisita, reconoció que tenía razón, y prometió que intentaría restituir mi calificación. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me fue comunicado que la calificación se había eliminado por completo, y que podía volver a dejarla.
Llegados a este punto, tenía serias dudas de que el vendedor no me volviera a tirar abajo una calificación similar. Y, por supuesto, tenía motivos para dudar de las calificaciones de los demás vendedores, visto lo fácil que es para un vendedor quitarse de encima las calificaciones incómodas.
En un sitio de comercio electrónico, las calificaciones son vitales: si no puedes confiar en la reputación de un vendedor, no puedes comprar. Lo único lógico fue, por tanto, cancelar mi cuenta en Amazon.
eBay tiene un sistema de calificaciones bastante robusto, DealExtreme es de fiar (llevo gastados cientos de Euros y aún no ha habido una sola reclamación que no hayan resuelto satisfactoriamente) y AliExpress es un charco de ranas, sí, pero con precios extremadamente bajos con los que merece la pena arriesgarse. Amazon no es fiable, su atención al cliente es educadísima pero completamente inútil (no hablo sólo de este incidente), y, debido a las draconianas cuotas que les cobran a los vendedores, cada vez es más caro. No hay razón para que siga usando sus servicios.
Adiós, Amazon. Adiós.
miércoles, 13 de agosto de 2014
Samsung anuncia el Galaxy Alpha
No suelo escribir sobre noticias de actualidad, pero hoy voy a hacer una excepción, porque el tema es jugoso.
Samsung ha anunciado un nuevo modelo de Smartphone, el Galaxy Alpha. Aquí lo tenéis en toda su gloria:

Imagen tomada de la web de Samsung España
¿Os recuerda a algo? ¿Sí? ¡Exacto! Su diseño en general, y su marco en particular, son una copia descarada del de los iPhone 4 y 5. Para más inri, la propia Samsung lo publicita con eslóganes como “No te conformes con ser uno más”.
¿Cuánto tardará Apple en demandar a Samsung por su nuevo diseño? Se admiten apuestas…
Samsung ha anunciado un nuevo modelo de Smartphone, el Galaxy Alpha. Aquí lo tenéis en toda su gloria:
Imagen tomada de la web de Samsung España
¿Os recuerda a algo? ¿Sí? ¡Exacto! Su diseño en general, y su marco en particular, son una copia descarada del de los iPhone 4 y 5. Para más inri, la propia Samsung lo publicita con eslóganes como “No te conformes con ser uno más”.
¿Cuánto tardará Apple en demandar a Samsung por su nuevo diseño? Se admiten apuestas…
domingo, 10 de agosto de 2014
Derecho al olvido: Google contraataca
Hace unas semanas hablaba del llamado derecho al olvido, nombre dado a una sentencia del Tribunal Supremo de la Unión Europea que obliga a los buscadores en Internet a eliminar de sus resultados enlaces que dañen la imagen de ciudadanos. En dicho artículo, llegaba a la conclusión de que este mal llamado derecho era, en realidad, una forma encubierta de censura.
Pues bien, parece que no soy el único que piensa así. Google no sólo ha atendido las solicitudes con una celeridad sorprendente (probablemente para conseguir que la prensa hable del asunto), sino que además ha comenzado a notificar a las webs enlazadas la retirada de los enlaces, algo a lo que la sentencia no obliga. El objetivo es claro: hacer que los medios enlazados se hagan eco.
Y parece que lo está consiguiendo. La Fundación Wikimedia ha publicado una lista de enlaces eliminados de Google a través del derecho al olvido. Entre ellos se encuentran algunos que apuntaban a artículos sobre delincuentes y organizaciones criminales.
Ojalá actuaciones como ésta ayuden a desmontar el mal llamado derecho al olvido. Aunque mucho me temo que con una Unión Europea tan lenta y burocratizada como la que tenemos, cuando realmente se pongan con ello ya esté aceptado e institucionalizado.
Pues bien, parece que no soy el único que piensa así. Google no sólo ha atendido las solicitudes con una celeridad sorprendente (probablemente para conseguir que la prensa hable del asunto), sino que además ha comenzado a notificar a las webs enlazadas la retirada de los enlaces, algo a lo que la sentencia no obliga. El objetivo es claro: hacer que los medios enlazados se hagan eco.
Y parece que lo está consiguiendo. La Fundación Wikimedia ha publicado una lista de enlaces eliminados de Google a través del derecho al olvido. Entre ellos se encuentran algunos que apuntaban a artículos sobre delincuentes y organizaciones criminales.
Ojalá actuaciones como ésta ayuden a desmontar el mal llamado derecho al olvido. Aunque mucho me temo que con una Unión Europea tan lenta y burocratizada como la que tenemos, cuando realmente se pongan con ello ya esté aceptado e institucionalizado.
jueves, 7 de agosto de 2014
Conduciendo sin manos
"¡Mira, mira, sin manos!" "¡Mira, mira, sin pies!" "¡Mira, mira, sin dientes!" Todos conocemos ese viejo chiste de Jaimito, y hasta un crío de cinco años lo entiende. Pero no el autor del siguiente vídeo:
Lo que comienza como una demostración del sistema de conducción asistida del Nissan Infiniti Q50 toma tintes surrealistas (y peligrosos) cuando el cámara muestra el asiento del conductor vacío en un coche que rueda a 100 Km/h. Pero lo más sorprendente llega al final del metraje, cuando el vídeo avisa “cuidado con no tocar el volante”, mientras el conductor hace justamente lo contrario, con el efecto que era de esperar.
Ciertamente, todo un candidato a los Premios Darwin. Aunque, afortunadamente, por esta vez haya escapado a la nominación.
Tenemos aquí un dilema preocupante. Una tecnología realmente útil y prometedora es empleada para cometer una estupidez supina. Por supuesto, muchos emplearán ejemplos como éste para pedir la prohibición de los sistemas de conducción asistida.
Yo no estoy de acuerdo. Yo sólo veo un caso más de estupidez, como la moda del balconing, o la más reciente de grabarse en vídeo prendiéndose fuego con alcohol. Estupidez, eso sí, que en este caso puede llevarse por delante vidas de inocentes.
Tengo fe en el futuro. Pero cosas como esta me hacen dudar.
Lo que comienza como una demostración del sistema de conducción asistida del Nissan Infiniti Q50 toma tintes surrealistas (y peligrosos) cuando el cámara muestra el asiento del conductor vacío en un coche que rueda a 100 Km/h. Pero lo más sorprendente llega al final del metraje, cuando el vídeo avisa “cuidado con no tocar el volante”, mientras el conductor hace justamente lo contrario, con el efecto que era de esperar.
Ciertamente, todo un candidato a los Premios Darwin. Aunque, afortunadamente, por esta vez haya escapado a la nominación.
Tenemos aquí un dilema preocupante. Una tecnología realmente útil y prometedora es empleada para cometer una estupidez supina. Por supuesto, muchos emplearán ejemplos como éste para pedir la prohibición de los sistemas de conducción asistida.
Yo no estoy de acuerdo. Yo sólo veo un caso más de estupidez, como la moda del balconing, o la más reciente de grabarse en vídeo prendiéndose fuego con alcohol. Estupidez, eso sí, que en este caso puede llevarse por delante vidas de inocentes.
Tengo fe en el futuro. Pero cosas como esta me hacen dudar.
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sábado, 2 de agosto de 2014
De vuelta de vacaciones
Saludos de nuevo, compañeros.
Me he tomado unos días de (necesarias) vacaciones en Sanabria, la siempre maravillosa Sanabria, y vuelvo a la carga. Tengo algunos artículos preparados, y seguro que irán surgiendo temas interesantes sobre los que escribir. Mientras tanto, os dejo esta fotografía que tomé una de las noches de mis vacaciones:
Me he tomado unos días de (necesarias) vacaciones en Sanabria, la siempre maravillosa Sanabria, y vuelvo a la carga. Tengo algunos artículos preparados, y seguro que irán surgiendo temas interesantes sobre los que escribir. Mientras tanto, os dejo esta fotografía que tomé una de las noches de mis vacaciones:
lunes, 7 de julio de 2014
BASIC cumple 50 años
En 2014 se cumplen una cantidad importante de aniversarios. Este es el primero de una serie de artículos dedicados a recordarlos. Si os gustan las batallitas o queréis saber cómo era la informática antes, estad atentos.
Allá por los primeros años 60, la informática era muy diferente. Estaban comenzando a aparecer los primeros sistemas de tiempo compartido, que permitían a varios usuarios (decenas, incluso centenares) usar a la vez el mismo ordenador, mediante teletipos (algo así como una impresora con un teclado) o terminales. Pero había un problema: en la época no había software genérico, y cada usuario debía preparar sus programas.
Para facilitar esa tarea, John G. Kemeny y Thomas E. Kurtz decidieron diseñar un nuevo lenguaje de programación. Debería ser sencillo de aprender, de propósito general y permitir crear y ejecutar programas pequeños rápidamente. El resultado fue BASIC (Beginner's All-purpose Symbolic Instruction Code, código simbólico de propósito general para principiantes), un lenguaje sencillo que permitía ejecutar instrucciones sencillas tras ser introducidas, o almacenarlas para formar un programa complejo.
Su simplicidad le hizo mantener el terreno ante lenguajes más modernos y avanzados (como Pascal, creado en 1968, o C, creado en 1970). Y cuando aparecieron los primeros microordenadores a mediados de los 70, BASIC fue incorporado en la mayoría de ellos (principalmente por su sencillez y por la poca cantidad de memoria que requería). Así, en los años 80, prácticamente todos los ordenadores de 8 bits, y muchos de 16 bits, se vendían con el lenguaje BASIC en la memoria ROM. Muchos de los que hoy en día nos dedicamos a la programación o a la ingeniería del software dimos nuestros primeros pasos con una de esas máquinas.
Entrados ya los años 90, Microsoft, que había sido fundada precisamente para vender un intérprete BASIC, lanzó una nueva versión del lenguaje que, además, permitía crear interfaces gráficas de usuario con extremada facilidad: Visual Basic. Es esta nueva variante del lenguaje la que le ha permitido llegar al siglo XXI y gozar aún de buena salud, a sus 50 años.
Atrás han quedado los años en los que, si necesitábamos que el ordenador hiciera algo, teníamos que escribir un programa. Ahora basta con descargar una app. Pero eso no nos debe hacer olvidar esa época en la que BASIC sirvió para que mucha gente se acercara a esas misteriosas máquinas llamadas ordenadores. Sólo por eso, tiene un merecido puesto en la Historia de la Informática.
Allá por los primeros años 60, la informática era muy diferente. Estaban comenzando a aparecer los primeros sistemas de tiempo compartido, que permitían a varios usuarios (decenas, incluso centenares) usar a la vez el mismo ordenador, mediante teletipos (algo así como una impresora con un teclado) o terminales. Pero había un problema: en la época no había software genérico, y cada usuario debía preparar sus programas.
Para facilitar esa tarea, John G. Kemeny y Thomas E. Kurtz decidieron diseñar un nuevo lenguaje de programación. Debería ser sencillo de aprender, de propósito general y permitir crear y ejecutar programas pequeños rápidamente. El resultado fue BASIC (Beginner's All-purpose Symbolic Instruction Code, código simbólico de propósito general para principiantes), un lenguaje sencillo que permitía ejecutar instrucciones sencillas tras ser introducidas, o almacenarlas para formar un programa complejo.
Su simplicidad le hizo mantener el terreno ante lenguajes más modernos y avanzados (como Pascal, creado en 1968, o C, creado en 1970). Y cuando aparecieron los primeros microordenadores a mediados de los 70, BASIC fue incorporado en la mayoría de ellos (principalmente por su sencillez y por la poca cantidad de memoria que requería). Así, en los años 80, prácticamente todos los ordenadores de 8 bits, y muchos de 16 bits, se vendían con el lenguaje BASIC en la memoria ROM. Muchos de los que hoy en día nos dedicamos a la programación o a la ingeniería del software dimos nuestros primeros pasos con una de esas máquinas.
Entrados ya los años 90, Microsoft, que había sido fundada precisamente para vender un intérprete BASIC, lanzó una nueva versión del lenguaje que, además, permitía crear interfaces gráficas de usuario con extremada facilidad: Visual Basic. Es esta nueva variante del lenguaje la que le ha permitido llegar al siglo XXI y gozar aún de buena salud, a sus 50 años.
Atrás han quedado los años en los que, si necesitábamos que el ordenador hiciera algo, teníamos que escribir un programa. Ahora basta con descargar una app. Pero eso no nos debe hacer olvidar esa época en la que BASIC sirvió para que mucha gente se acercara a esas misteriosas máquinas llamadas ordenadores. Sólo por eso, tiene un merecido puesto en la Historia de la Informática.
sábado, 5 de julio de 2014
El derecho al olvido: una forma de censura
Uno de los temas que más tinta (electrónica) ha hecho correr en las últimas semanas es el llamado derecho al olvido. Este consiste, en palabras llanas, en el derecho de cualquier ciudadano a que se "olvide" (en otras palabras, que dejen de publicarse) hechos pasados que han dejado de ser ciertos. En base al citado derecho, el Tribunal Supremo de la Unión Europea dictó hace pocos meses una sentencia en la que obligaba a los motores de búsqueda en Internet (como Google) a retirar enlaces a artículos y textos cuando el afectado hiciera la petición oportuna. Esta semana, Google ha comenzado a cumplir las primeras solicitudes.
Creo que hay un gran número de equívocos en todo este asunto. Para empezar, la sentencia indica que el interesado debe presentar una solicitud a cada uno de los buscadores. Son cuatro los buscadores más usados (Google, Bing, Yahoo y Ask.com), y decenas los menos conocidos. Es de suponer, por tanto, que nunca seamos capaces de solicitar el olvido a todos los buscadores existentes. Pero, si el objetivo es evitar que periodistas y departamentos de recursos humanos husmeen en nuestro pasado, ¿realmente sirve esto de algo? ¿Cuánto tardarán los investigadores en comenzar a usar buscadores desconocidos por el público, si no lo hacen ya?
También conviene preguntarse qué criterios siguen los buscadores para aceptar o rechazar una petición, o cómo se comprueba que la petición es legítima y proviene realmente del interesado. No es difícil imaginar escenarios en los que alguien intente ocultar un artículo perfectamente legítimo basándose en que contiene insultos o descalificaciones a un tercero.
Y todo esto sin olvidar que la sentencia afecta únicamente a los buscadores: nada dice, por supuesto, de la retirada de los artículos originales, ya que podría enfurecer a la prensa. Y con razón: sería un flagrante ataque a la libertad de prensa. Pero si el artículo original sigue estando disponible en la web de un diario digital, por ejemplo, nada nos impedirá encontrarlo usando su buscador local. Vuelta a la casilla de salida.
Pero, más allá de todo esto, hay un problema ético de fondo: el derecho a la información. Como ciudadanos, tenemos derecho a tener información objetiva (o, al menos, a conocer puntos de vista complementarios). La ejecución de esta sentencia vulnera este derecho, y nos priva (aunque sea parcialmente) del acceso a esa información. De forma peligrosamente parecida a cómo el gobierno chino obliga a los buscadores a bloquear informaciones contrarias al régimen.
Estoy plenamente convencido de que Internet está provocando un segundo renacimiento cultural, sólo comparable al producido por la invención de la imprenta hace cinco siglos. En nuestras manos está el enfrentarnos a este nuevo tiempo, el decidir qué vamos a hacer, y cómo queremos que sea el mundo a partir de ahora.
Creo que hay un gran número de equívocos en todo este asunto. Para empezar, la sentencia indica que el interesado debe presentar una solicitud a cada uno de los buscadores. Son cuatro los buscadores más usados (Google, Bing, Yahoo y Ask.com), y decenas los menos conocidos. Es de suponer, por tanto, que nunca seamos capaces de solicitar el olvido a todos los buscadores existentes. Pero, si el objetivo es evitar que periodistas y departamentos de recursos humanos husmeen en nuestro pasado, ¿realmente sirve esto de algo? ¿Cuánto tardarán los investigadores en comenzar a usar buscadores desconocidos por el público, si no lo hacen ya?
También conviene preguntarse qué criterios siguen los buscadores para aceptar o rechazar una petición, o cómo se comprueba que la petición es legítima y proviene realmente del interesado. No es difícil imaginar escenarios en los que alguien intente ocultar un artículo perfectamente legítimo basándose en que contiene insultos o descalificaciones a un tercero.
Y todo esto sin olvidar que la sentencia afecta únicamente a los buscadores: nada dice, por supuesto, de la retirada de los artículos originales, ya que podría enfurecer a la prensa. Y con razón: sería un flagrante ataque a la libertad de prensa. Pero si el artículo original sigue estando disponible en la web de un diario digital, por ejemplo, nada nos impedirá encontrarlo usando su buscador local. Vuelta a la casilla de salida.
Pero, más allá de todo esto, hay un problema ético de fondo: el derecho a la información. Como ciudadanos, tenemos derecho a tener información objetiva (o, al menos, a conocer puntos de vista complementarios). La ejecución de esta sentencia vulnera este derecho, y nos priva (aunque sea parcialmente) del acceso a esa información. De forma peligrosamente parecida a cómo el gobierno chino obliga a los buscadores a bloquear informaciones contrarias al régimen.
Estoy plenamente convencido de que Internet está provocando un segundo renacimiento cultural, sólo comparable al producido por la invención de la imprenta hace cinco siglos. En nuestras manos está el enfrentarnos a este nuevo tiempo, el decidir qué vamos a hacer, y cómo queremos que sea el mundo a partir de ahora.
sábado, 13 de febrero de 2010
Mitos y verdades sobre las baterías (y II)
La baterías de metal-hidruro se comportan de forma muy diferente a las de ión de litio. Proporcionan menos corriente y son más pesadas, pero como contraprestación son más duraderas (yo tengo aún en funcionamiento pilas recargables compradas hace más de diez años). Tienen efecto memoria, lo que hace necesario efectuar ciclos de carga completos. Por tanto, es necesario esperar a que se agote la batería por completo y luego, esto es importante, cargarla de una sola vez, sin interrupciones. Como podéis ver, esto es justo lo contrario de lo que hay que hacer con las baterías de ión de litio.
Una cosa a tener en cuenta es que todas las baterías, sean del tipo que sean, van perdiendo carga poco a poco cuando no se usan. Esto es muy importante en el caso de las baterías de ión de litio, ya que esta pérdida puede hacer que la batería quede vacía y se eche a perder sin que siquiera nos demos cuenta.
Hay otras tecnologías de baterías (níquel-cadmio, plomo, etc). Pero son tecnologías que hoy en día están obsoletas, o relegadas a nichos, y por tanto no hablaré de ellas (al menos en el artículo de hoy).
Resumiendo. Si nuestro móvil, portátil o netbook usa una batería de ión de litio deberemos cargarlo tan pronto como nos sea posible (incluso aunque la batería esté a medias), procurar usarlo regularmente Y apagarlo o evitar usarlo cuando nos dé batería baja y no tengamos el cargador. En el caso de los portátiles, NUNCA deberemos quitar la batería cuando estemos en casa: la pérdida de carga acabaría dañándola. Es mejor usarlo con batería y enchufarlo cuando se gaste. Por supuesto, sólo debemos plantearnos comprar una segunda batería cuando vayamos a usarla regularmente. Si no, estaremos tirando el dinero.
Por el contrario, con aparatos que usen baterías de metal hidruro (por ejemplo, las cámaras de fotos a pilas), deberemos usar las baterías hasta agotarlas, y sólo entonces hacerles una carga completa.
Por último, si tenemos un dispositivo que funciona a pilas y que sólo vamos a usar ocasionalmente (el MP3 que usamos para grabar conferencias, la cámara que le regalamos a mamá para que fotografíe a sus nietos...), es mejor que lo usemos con pilas alcalinas (o incluso salinas, si el consumo nos lo permite: el medio ambiente nos lo agradecerá).
sábado, 6 de febrero de 2010
Mitos y verdades sobre las baterías (I)
- "Si vas a enchufar el portátil a la corriente, quítale la batería"
"Tienes que agotar la batería antes de cargarla"
"Si cargas la batería a medias se estropea"
"Deja el móvil cargando; cuando la batería esté llena, se desconectará él solo"
Lo primero que hay que saber es que hay diferentes tipos de baterías. Los dos más frecuentes, NiMH (níquel-metal-hidruro, o símplemente metal-hidruro) y Li-ion (ión de litio), se comportan de forma radicalmente diferente. Y de ahí viene mucha de la confusión: lo que es cierto para uno de esos dos tipos habitualmente es rotundamente falso para el otro.
Empecemos con las baterías de ión de litio, las más frecuentes en dispositivos móviles. Son baterías que almacenan una gran cantidad de energía por unidad de peso y son capaces de proporcionar mucha corriente, lo que las hace ideales para estos usos. Además, no tienen "efecto memoria", por lo que no hay problema en recargarlas cuando todavía están a medias o desenchufarlas antes de completar la carga. En cambio, pueden resultar dañadas si se cargan demasiado o se descargan completamente. Lo primero no es problema, ya que la propia batería suele incorporar un circuito de control de carga para evitarlo. Pero lo segundo es importante. Por tanto, en los aparatos que usen baterías de este tipo, debemos apagarlos o conectarlos al cargador tan pronto como nos indique que la batería está baja. Si puede ser antes, mejor.
Otro problema de las baterías de ión de litio es que hay que hacerles, como mínimo, un ciclo de carga-descarga al mes para mantenerlas en condiciones óptimas. Si no lo hacemos, la batería perderá capacidad rápidamente, puede que en tan sólo unos meses. En todo caso, por muy bien que las tratemos, las baterías de ión de litio perderán entre un 10% y 20% de capacidad cada año, por lo que la vida útil de este tipo de baterías está limitada a unos pocos años.
En el siguiente artículo hablaremos de las baterías de metal-hidruro.
jueves, 28 de enero de 2010
Apple iPad: decepcionante
La configuración no sorprende a estas alturas. Procesador a 1 Ghz (probablemente basado en ARM, al igual que las líneas iPod, iPod Touch e iPhone, pero habría que confirmarlo), integrado en un sistema-en-un-chip diseñado por Apple. Pantalla de 9.7" a 1024x768 (por tanto no panorámica, y esta es una de las pocas sorpresas) y con superficie multitáctil. 16, 32 o 64 GB de memoria flash, soporte Wi-Fi y Bluetooth, soporte 3G opcional, y sólo dos puertos: conector de auriculares y conector de dock (probablemente compatible con el del iPod/iPhone). Ni puertos USB, ni lector de tarjetas, ni teclado físico. Todos ellos los vende Apple aparte. Como sistema operativo, el iPhone OS. Y en el apartado de software, incorpora navegador, cliente de correo, mapas, librerías de fotos, vídeo, música y libros, y una pequeña suite de productividad (contactos, calendario, bloc de notas). Podéis comparar estas características técnicas con las que predije el verano pasado, y veréis que acerté casi en todo. Sólo me equivoqué en el procesador, que creía (sinceramente) que sería un Intel Atom.
Pasada la emoción inicial, analicemos qué tenemos entre manos. Es un ordenador con pantalla táctil de 10", un procesador modesto, y una capacidad de almacenamiento limitada (aunque suficiente para la mayor parte de los usos). Se puede considerar un iPod grande o un netbook táctil. Sin embargo, queda a caballo entre los dos mundos: su tamaño le hace perder portabilidad, y las limitaciones de su sistema operativo (iPhone OS, el único sistema moderno monotarea) y la falta de teclado físico le hacen perder funcionalidad. Y por si esto fuera poco, el iPad está limitado por el talón de Aquiles del iPhone: la App Store. Sólo es posible instalar y usar software bendecido por Apple, lo que dificultará o impedirá que se vean aplicaciones interesantes (recordad lo que pasó con Skype u Opera - y eso que no soy precisamente fan de las compañía noruega, ya sabéis).
Pero lo peor es el precio. El modelo básico, con 16 GB de memoria flash y sin soporte 3G, cuesta 499 dólares estadounidenses. Los modelos con soporte 3G cuestan 130 dólares más que las normales. Y el más caro de la gama llega a los 829 dólares. A lo que hay que sumar el absolutamente necesario lector de tarjetas y, quizás, también el teclado externo. Que no creo que cuesten menos de 30 y 50 dólares, respectivamente.
Pero, ¿cuánto costará en España? Ahora mismo, el iPod Nano 5G de 8 GB cuesta 149 dólares en Estados Unidos y 139 Euros en España. Así que no creo que el precio del iPad por estos lares sea de mucho menos de 500 Euros. Una pasada, cuando no es difícil comprar por 250 Euros un Acer Aspire One 250 (por ejemplo) con Windows 7, 250 GB de disco duro y toda una suite de herramientas multimedia, que, si bien menos elegante, puede hacer todo lo que hace el iPad, y mucho más.
No sé qué pensar. Espero, por el bien de Steve Jobs, estar equivocado. Pero creo que Apple ha patinado con este lanzamiento. Le sobra precio y le falta flexibilidad. De momento, ni se me pasa por la cabeza el considerar comprarlo. Los chicos de Jobs se lo tendrán que currar para conseguir cambiar mi forma de pensar.
Ficha técnica
Categoría: hardware / netbook
Fabricante: Apple
Producto: iPad
Plataforma: iPhone OS
Web: http://www.apple.com/ipad/ (en inglés)
Precio: entre 499 y 829 dólares EE.UU.
Lo bueno: Diseño. Software sencillo e integrado. Calidad de fabricación.
Lo malo: Limitado y poco potente por culpa del software. Caro. Dispositivos imprescindibles, como puerto USB, lector de tarjetas o teclado físico, vendidos por separado.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Boda en Redmond
Los analistas esperaban un movimiento en esta dirección desde que la semana pasada la prestigiosa firma IDC afirmara que Windows 7 será el último sistema operativo tradicional de Microsoft. “Google nos ha declarado la guerra”, afirmó Jobs, “a nosotros y a todo lo que representamos. No queremos que Macintosh y Windows sean reemplazados por clones coreanos de baja calidad o sistemas operativos que se bloquean cuando se pierde la conexión a Internet. Creemos en la calidad a todos los niveles, y vamos a luchar por defenderla.”
“Google no hace otra cosa que robarnos empleados”, aseguró Ballmer a su vez. “Ahora seremos nosotros los que contraatacaremos. Todos los esquiroles que se han mudado a Mountain View volverán a Redmond con el rabo entre las piernas cuando acabemos con Google”.
Jobs y Ballmer anunciaron que Windows 8 (que ya está en desarrollo) soportará la API Cocoa de Mac OS X (gracias a la arquitectura de subsistemas del kernel NT, diseñada por David Cuttler a principios de los años 90), mientras que Mac OS X incluirá en su próxima versión VirtualPC con una copia reducida de Windows 7 Starter. El acuerdo también recoge un cruce de licencias entre las compañías de Redmond y Cupertino, incluyendo tecnologías clave como Quartz, DirectX, QuickTime y .NET.
sábado, 26 de diciembre de 2009
Vuelvo a casa por Navidad
Como el hijo pródigo del anuncio de turrón, vuelvo por Navidad. Y con intención de quedarme. Mi esperada ausencia de unos días al final se ha convertido en unos meses. Si es que todavía tengo algún lector fiel, creo que le debo una explicación O:-) .
Mucho ha pasado desde que hace dos meses me despidiera por un viaje. Esa es la razón de que haya tenido abandonados este blog y mi galería de Flickr durante ese tiempo. Los miembros zamoranos de la Sociedad Tolkien Española estamos organizando un encuentro (llamado mereth en nuestro argot) que celebraremos los días 22, 23 y 24 de abril en el pueblecito de Trefacio. Esto es ya cosa hecha, pero llevo un tiempo dedicándole no pocas energías y tiempo al asunto. Por si esto fuera poco, he estado trabajando en la crónica de la EstelCon, la convención anual de la STE (que ha resultado ser más trabajo del que había planeado), y estoy preparando no una, sino dos conferencias, de las que hablaré a su debido momento. Sumadle a eso el trabajo, la familia y las habituales colaboraciones con la Asociación de Usuarios de Informática Clásica, y veréis que he tenido tiempo de todo menos de aburrirme.
Como digo, a partir de ahora voy a retomar este blog y mi galería de Flickr. Pero con calma. Hasta finales de abril estaré comprometido con la organización de nuestra mereth y de la feria de informática clásica RetroMadrid, y no es cuestión de estresarme ni de robar horas al sueño (al menos, no demasiadas).
Feliz Navidad.
Mucho ha pasado desde que hace dos meses me despidiera por un viaje. Esa es la razón de que haya tenido abandonados este blog y mi galería de Flickr durante ese tiempo. Los miembros zamoranos de la Sociedad Tolkien Española estamos organizando un encuentro (llamado mereth en nuestro argot) que celebraremos los días 22, 23 y 24 de abril en el pueblecito de Trefacio. Esto es ya cosa hecha, pero llevo un tiempo dedicándole no pocas energías y tiempo al asunto. Por si esto fuera poco, he estado trabajando en la crónica de la EstelCon, la convención anual de la STE (que ha resultado ser más trabajo del que había planeado), y estoy preparando no una, sino dos conferencias, de las que hablaré a su debido momento. Sumadle a eso el trabajo, la familia y las habituales colaboraciones con la Asociación de Usuarios de Informática Clásica, y veréis que he tenido tiempo de todo menos de aburrirme.
Como digo, a partir de ahora voy a retomar este blog y mi galería de Flickr. Pero con calma. Hasta finales de abril estaré comprometido con la organización de nuestra mereth y de la feria de informática clásica RetroMadrid, y no es cuestión de estresarme ni de robar horas al sueño (al menos, no demasiadas).
Feliz Navidad.
miércoles, 14 de octubre de 2009
EstelCon 2009
Allí me encargaré, junto a Pilar Caldú (ganadora de los Premios Gandalf en 2007) de organizar y moderar la Merienda Literaria. En ella, charlaremos sobre literatura con quién quiera unirse y llevaremos a cabo un taller de creación literaria en grupos, además de alguna que otra sorpresa (¿qué será, será...?). Además, el equipo editor de la Estel, la revista trimestral de la Sociedad Tolkien, ha tenido a bien encargarme un año más preparar la crónica oficial, tarea en la que me ayudarán Juanjo Sáez y Mónica Sanz. Espero que con todo esto me dé tiempo de divertirme y charlar con viejos amigos.
Durante el tiempo que esté fuera, no escribiré en el blog. Considerad esto como unas mini vacaciones (que en realidad lo son). ¡Nos vemos a la vuelta!
La foto de la semana: Paseo del Muro
Mi reciente visita a Gijón y Oviedo ha sido bastante fructífera (fotográficamente hablando). Aquí tenéis otra fotografía de mar, bastante diferente de la anterior. Es una vista de la Playa de San Lorenzo y el Paseo del Muro a la caída de la tarde.
lunes, 12 de octubre de 2009
Lo que siempre quisiste saber sobre la TDT y nadie se atrevió a contarte
Lo malo es que no nos han contado todo lo que deberíamos saber.
Por ejemplo, nos dicen que todos los televisores pueden recibir la TDT con un decodificador externo. En realidad, pocos televisores anteriores a 1990 cuentan con una entrada de vídeo (sea un euroconector o un par de jacks RCA), por lo que no es posible conectarles el decodificador. Y en los pueblos y en las casas de gente mayor hay más televisores de esa época de lo que parece.
Pero no son sólo los televisores antiguos los que van a tener problemas. Todos los vídeos VHS que aún están en funcionamiento, e incluso la mayoría de los DVDs grabadores y televisores con disco duro que se han comprado en los últimos dos o tres años, sólo tienen sintonizador analógico. Por ello, son incompatibles con la TDT. Será necesario conectar a cada uno un decodificador externo, o reemplazarlos por grabadores con sintonizador digital integrado. Si optamos por lo primero, al programar una grabación tendremos que elegir la entrada de vídeo como fuente, y procurar que el decodificador externo quede ajustado al canal adecuado (y que no cambie). Explícaselo a mi madre...
Otro problema con las áreas rurales es que muchos pueblos reciben una señal pobre, por lo que tienen problemas incluso con la televisión analógica. La reciben con nieve, doble imagen o interferencias, y algunos canales simplemente no llegan. Esto es particularmente preocupante en las zonas de montaña, donde cada municipio suele tener su propio repetidor. Con una señal débil, la televisión analógica se ve mal, pero la digital no se ve en absoluto. Tras el apagón analógico, por tanto, muchos pueblos van a quedar sin televisión, o van a malver tres o cuatro canales.
La TDT de pago no implica, como algunos medios de comunicación han intentado hacer ver, que los televisores y receptores comprados hasta ahora dejen de funcionar. Únicamente son incapaces de aceptar la tarjeta de claves y decodificar los canales de pago; pero esto ya se sabia, pues está en la especificación del estándar DVB. Y, ya que estamos, tampoco son capaces de acceder a los servicios interactivos, o mostrar imágenes en alta definición, capacidades que -también- han sido anunciadas a bombo y platillo como las grandes ventajas del nuevo sistema. Aunque mucho me temo que tardaremos mucho en ver dichos servicios: ambos requieren que las cadenas de televisión inviertan en infraestructuras (o que elijan emitir un canal de mejor calidad en lugar de dos canales inferiores).
Y ya ni hablo de la millonada que muchas comunidades de vecinos y particulares se están gastado para adaptar antenas, amplificadores y cableados para que funcionen correctamente con la nueva señal. Todos conocemos más de un caso.
Teniendo en cuenta que las ventajas reales de la TDT sobre la televisión analógica son, hoy por hoy, pocas, y que los problemas que creará la eliminación de la señal tradicional son importantes, todo este asunto me parece una locura. Mejor habría sido, sin ninguna duda, permitir que las señales analógica y digital convivieran pacíficamente. El único perjudicado de este apagón artificial es el televidente, que va a encontrarse problemas por todos lados. Pero, claro está, hay que mantener contentas a las televisiones para que no critiquen mucho al gobierno de turno. Así nos va.
domingo, 11 de octubre de 2009
El producto de la semana: Paint.NET
En este primer artículo os voy a hablar de un programa que uso a diario: Paint.NET. Es una aplicación de manipulación de imágenes y retoque fotográfico con una funcionalidad razonable, pero completamente gratuita. Quizás, su mayor pega venga de que (como su nombre indica) sólo funciona bajo la plataforma .NET en Windows. Pero, para mi, eso no es gran problema.
La interfaz es sencilla y agradable. Al arrancar, se muestran las cuatro paletas básicas (Herramientas, Historial, Capas y Colores) sobre las cuatro esquinas de la ventana principal, donde menos molestan. Todos los comandos están a uno o dos clics de distancia, en las citadas paletas o en la barra de menús (bastante bien organizada):
La funcionalidad base es más bien modesta. Permite leer y guardar los formatos gráficos más habituales (JPG, PNG, GIF, etc.), aplicar filtros comunes, y trabajar con documentos formados por múltiples capas. Si tuviéramos que ceñirnos a estas funciones, quizás no merecería la pena usar Paint.NET. Pero lo bueno es que es posible añadir funcionalidad instalando plug-ins. De esta forma, podemos añadir soporte para formatos no soportados (incluyendo, entre otros, el .PSD de Photoshop), agregar infinidad de filtros y efectos nuevos, e incluso, si nos aventuramos a programar un poco, crearlos nosotros mismos mediante un editor de scripts. Entre la miriada de plug-ins que hay disponibles, os recomiendo los efectos de Ed Harvey, y, si os aventuráis a escribir un poco de código, el Code Lab.
Os estaréis preguntando cómo se compara con Photoshop. No conozco la aplicación de Adobe a fondo, pero sí os puedo decir que la principal diferencia está en las capas de efecto, que Paint.NET no soporta (aunque su implementación está prevista para la versión 4.0). Por lo demás, de vez en cuando descargo tutoriales para Photoshop, y no suelo tener problema para seguirlos: los comandos, efectos y plug-ins se llaman de forma diferente, pero la funcionalidad está ahí.
Hay, al menos, otro programa gratuito que podría competir con Paint.NET (o incluso superarlo): el GIMP. Pero, aunque me gustaría probarlo, no he conseguido hacerlo funcionar en ninguno de mis ordenadores, ante la sorpresa de los desarrolladores presentes en el foro de soporte oficial. Ni siquiera lo consigo con la versión "portable". Quizás algún día os cuente la historia.
Los requerimientos mínimos no son excesivos hoy en día. Basta con un ordenador con 512 Mb de RAM, Windows XP (o posterior) y .NET Framework 3.5. Y un punto muy a su favor es que consume pocos recursos. En vacío, sin ninguna imagen abierta, consume tan sólo 24 MB de memoria, y al editar imágenes también resulta muy comedido. En el portátil y en el netbook, ambos con Windows XP 512 MB de RAM, puedo trabajar con varias fotografías de 8 Mpx. simultáneamente sin agotar la memoria.
En resumen, creo que Paint.NET es una aplicación más que válida para el fotógrafo aficionado, o para quien necesita trabajar con archivos gráficos ocasionalemente. Para un uso más profesional puede que le falte algo de "chicha", pero ese es el nicho de Photoshop, y lo cubre bien.
Ficha técnica
Categoría: software / aplicación / retoque fotográfico
Fabricante: Rick Brewster, Ed Harvey
Producto: Paint.NET 3.36
Plataforma: Windows (32 y 64 bits)
Web: http://www.getpaint.net/ (en inglés)
Precio: gratis
Lo bueno: Facilidad de manejo. Gratuito.
Lo malo: Menos potente que el programa de referencia, Photoshop.
Como veis, en la ficha técnica no hay una calificación. He decidido eliminarla por inútil. Leí hace unos meses que dicho campo sólo tiene sentido dentro de una comparativa de productos similares. Y tiene razón. Al ser un valor totalmente subjetivo, no se puede comparar la puntuación que yo le de a Paint.NET con la que otro autor le de al GIMP. Además, creo que mis lectores son suficientemente inteligentes como para sacar sus propias conclusiones leyendo el artículo y los datos de la ficha técnica :-) .
jueves, 8 de octubre de 2009
La foto de la semana: Camino
Este verano se ha abierto al público (por fin) el Castillo de Zamora, tras su rehabilitación para convertirlo en museo permanente para las esculturas del artista zamorano Baltasar Lobo. Y, la verdad, es una delicia pasear por entre esos muros centenarios. Sobre todo con una cámara en la mano. Aquí os dejo una imagen de las muchas que he tomado allí. Seguro que en el futuro vienen muchas más.
Messenger y Windows Live: juntos y revueltos
Bien. Decía que me llamó. El caso es que el MSN Messenger le había dejado de funcionar, diciéndole que sólo volvería a hacerlo después de instalar una “actualización de seguridad”. Ella, confiada, siguió las instrucciones. Afortunadamente, la actualización provenía, realmente, de Microsoft. Desafortunadamente, le colaron por la escuadra toda la suite de Windows Live, incluidos los servicios de soporte requeridos (entre los que se encuentra SQL Server Lite). En un ordenador de hace 7 años, con sólo 256 Mb de RAM. Y no sólo eso: también le cambió la página de inicio de los dos navegadores que usa habitualmente (Firefox e Internet Explorer), y le añadió una barra de herramientas y un panel de publicidad (con enlaces a servicios de Microsoft) al navegador de Microsoft.
Naturalmente, todo eso se puede deshacer, y me tocó pasar un buen rato colgado del teléfono, guiándola paso a paso en la tarea de desinstalar a mano todo lo que ella no necesitaba, y restaurando la configuración de los navegadores. Suerte que ella tiene un primo informático.
Pero, ¿y quién no lo tiene? ¿De qué va Microsoft con estas prácticas abusivas? ¿De qué va Google instalándote con Chrome dos servicios en el sistema (uno para actualizaciones automáticas y otro para recoger información de fallos de programas)? ¿De qué va Apple colándote su navegador Safari como una actualización si tienes instalado iTunes o QuickTime?
Esto se está convirtiendo en una pesadilla. De verdad que añoro los tiempos en que para instalar un programa bastaba con abrir el instalador y pulsar “Siguiente” hasta llegar al final. Ahora hay que entrar siempre en la instalación super-hiper-megapersonalizada, y leer con atención toda la letra pequeña, porque si no, te cuelan media docena de regalitos. O más.
Luego nos sorprende que los usuarios le tengan miedo al ordenador.
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