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miércoles, 3 de septiembre de 2014

El netbook ha muerto. ¡Larga vida al netbook!

Hace ya casi siete años, en octubre de 2007, Asus lanzó una máquina mítica: el Asus Eee PC 701, considerado el primer netbook de la historia. Desde mediados de los 90 habían ido apareciendo los llamados ultraportátiles, máquinas que empaquetaban una potencia razonable en apenas un kilogramo de peso. Pero Asus redefinió las reglas lanzando una máquina de gama baja, ligera, y con disco en estado sólido y duración de batería sobresaliente (hasta 6 horas según las condiciones). Todo ello orientado a su característica más sobresaliente: un precio realmente ajustado para lo que ofrecía. Otras marcas le siguieron, notablemente Acer con su gama Aspire One.

Incomprensiblemente, los fabricantes destrozaron el concepto de netbook. Lo que era una máquina ligera, pequeña, robusta y barata se fue convirtiendo en un miniportátil de 12”, con casi dos kilos de peso, discos duros enormes y frágiles, y precios cercanos a los 400 Euros. Claro, entre una máquina con esas limitaciones y precio, y un portátil completo por 500 Euros, ¿cuál compraríais? Por ello, las ventas cayeron en picado, y los fabricantes fueron retirando sus modelos. En enero de 2013 tanto Asus como Acer dejaron de fabricar netbooks.

Pero para entonces había surgido ya una alternativa: los Chromebooks, portátiles de gama baja (procesadores poco potentes, unidad SSD de reducido tamaño y precio en torno a los 300 Euros) que, como su nombre indica, corrían el sistema operativo Chrome OS de Google (básicamente un Linux diseñado para correr una única aplicación, el navegador Google Chrome). La idea era interesante, pero el punto flaco era que si nos quedábamos sin conexión, el ordenador se convertía en un portapapeles. Aun así, los Chromebooks consiguieron unas ventas discretas.

Avancemos a 2014. En primavera, Microsoft anunció una versión de Windows (“Windows 8.1 con Bing”) gratuita para tabletas y mini-PCs (¿netbooks?) de 9” o menos. Y, curiosamente, una de las primeras ofertas con ese sistema operativo es una máquina recientemente anunciada por HP, el HP Stream, con un hardware muy similar a su Chromebook. Y al examinar los detalles, la sorpresa es doble: la pantalla es de 14” (muy por encima de las 9” que, teóricamente, son el máximo impuesto por Microsoft) y el precio es de 200 Dólares, sensiblemente inferior al del Chromebook equivalente.

¿Es este el inicio de un resurgir del concepto netbook? Android y Apple se reparten la mayoría del mercado de tabletas, pero siempre habrá necesidad de máquinas “de trabajo”, con teclado físico y especificaciones más orientadas a la creación de contenido (y la estabilización de las ventas de PCs en 2014, después de años de caída libre, apunta en esa dirección). Si es así, nos encontramos ante un futuro a medio plazo en el que los nuevos portátiles de bajo coste competirán con las tabletas en el mercado corporativo. El que mejor se le da a Microsoft.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Cine en 3D

Escribí este artículo en agosto de 2009, ¡hace la friolera de cinco años!, pero quedó en los archivos. El otro día me lo encontré, y me sorprendió lo poco que ha cambiado el panorama en todo este tiempo. Aquí os lo dejo.

* - * - * - *

Hace algunas semanas fui al cine con unos amigos. No lo hago muy a menudo, y los 9,50 Euros que pagué por la entrada me recordaron en seguida porqué. La película que elegimos fue Up, de Pixar. En tres dimensiones.

Hasta ahora no había optado por el cine en relieve debido a diferentes razones. Principalmente, porque me parecía más que nada una tecnología-márketing para reenganchar con el público (que cada vez tiene equipos más avanzados en su casa) y, de paso, conseguir convencer a las salas para dar el salto a los (extremadamente caros) proyectores digitales. Una segunda razón era que mi único contacto con un sistema de proyección tridimensional, hace un lustro en un parque temático, me había acarreado un dolor de cabeza tras sólo diez minutos de proyección.

Ahora que lo he probado, tengo menos recelos respecto a la tecnología. Sigo sin ver la diferencia entre el cine digital y el químico (en teoría un fotograma estándar de 35 mm. puede resolver más detalle que una imagen de 4K, la mayor calidad empleada en el cine digital). Pero, al menos, he dejado de ver la nueva tecnología como una atracción de feria. Vi las dos horas y pico de programa sin gran problema, con la única molestia de tener que ponerme unas gafas especiales sobre las que me son necesarias por mi miopía, y el inconveniente de ver una imagen ligeramente menos luminosa. Aunque también tengo que decir que mis amigos no vieron gran problema en esto último.

El visionado de escenas en relieve implica que cada ojo reciba, mirando hacia el mismo sitio, una imagen ligeramente diferente. La tecnología por la que se ha decantado la industria para el cine en 3D es la menos mala de las disponibles a día de hoy: la basada en luz polarizada. Por un lado, se emplean dos proyectores, cada uno con un filtro polarizador al frente de su óptica, uno de ellos rotado 90 grados respecto al otro; por el otro, los espectadores se ponen unas gafas que sitúan delante de sus ojos sendos polarizadores, de nuevo con un desfase de 90 grados y ajustados para corresponder con los proyectores. El resultado es que en la pantalla se proyectan ambas imágenes simultáneamente, pero cada ojo ve la que le corresponde y el cerebro interpreta el conjunto y da relieve a la escena.

El programa, por cierto, fue enteramente de animación por ordenador, y me hizo pensar sobre el uso de la nueva tecnología. Comenzó con un trailer del largometraje Cuento de Navidad en el que, en mi opinión, se abusó del juego con la profundidad. En numerosas ocasiones, objetos rompían la cuarta pared y se acercaban al espectador. Inicialmente, estas cosas llaman la atención, pero no pude dejar de pensar en el “estéreo analógico”, tan común en las primeras grabaciones estereofónicas de los años 60, y que abusaban del efecto colocando los instrumentos exclusivamente en los dos extremos del espacio. Las otras dos proyecciones (ambos de Pixar: el cortometraje Parcialmente Nublado y la película Up) fueron muchos más comedidas en ese sentido, y, ciertamente, más realistas.

En todo caso, habrá que ver si esta nueva forma de ver el cine se impone. Por de pronto, en estos tiempos de crisis, el subir el ya abultado precio de las entradas no parece buena política, y no creo que la imagen tridimensional sea un avance tan grande ni tan necesario como el cine sonoro o en color.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Adiós, Amazon. Adiós.

Como podéis imaginaros, no soy un novato comprando en Internet. Tengo cuenta en al menos media docena de sitios de primera línea, y llevo ya la friolera de 13 años en eBay y PayPal (¡cuando creé mi cuenta ni siquiera tenían filial europea!). Y hasta hace un mes, por supuesto, tenía también cuenta en Amazon.

Tenía. He solicitado su cierre porque no tengo intención de volver a comprar allí.

Todo ha sucedido a raíz de una compra hecha hace dos meses. No es importante el artículo, pero sí cómo se desarrolló la operación. El vendedor tardó en enviar el artículo más de una semana tras el pago, y por ello le puse una calificación neutral. Me pidió varias veces que se la retirara, pero yo hice caso omiso: creo que es mi derecho (y obligación) dejar una calificación fidedigna. Y él, al ver que no conseguía convencerme, denunció mi calificación por “contener datos personales” (algo rotundamente falso), y logró que Amazon la retirase.

El asunto me pareció grave, y abrí una reclamación. El operador telefónico de Amazon, con una amabilidad exquisita, reconoció que tenía razón, y prometió que intentaría restituir mi calificación. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me fue comunicado que la calificación se había eliminado por completo, y que podía volver a dejarla.

Llegados a este punto, tenía serias dudas de que el vendedor no me volviera a tirar abajo una calificación similar. Y, por supuesto, tenía motivos para dudar de las calificaciones de los demás vendedores, visto lo fácil que es para un vendedor quitarse de encima las calificaciones incómodas.

En un sitio de comercio electrónico, las calificaciones son vitales: si no puedes confiar en la reputación de un vendedor, no puedes comprar. Lo único lógico fue, por tanto, cancelar mi cuenta en Amazon.

eBay tiene un sistema de calificaciones bastante robusto, DealExtreme es de fiar (llevo gastados cientos de Euros y aún no ha habido una sola reclamación que no hayan resuelto satisfactoriamente) y AliExpress es un charco de ranas, sí, pero con precios extremadamente bajos con los que merece la pena arriesgarse. Amazon no es fiable, su atención al cliente es educadísima pero completamente inútil (no hablo sólo de este incidente), y, debido a las draconianas cuotas que les cobran a los vendedores, cada vez es más caro. No hay razón para que siga usando sus servicios.

Adiós, Amazon. Adiós.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Samsung anuncia el Galaxy Alpha

No suelo escribir sobre noticias de actualidad, pero hoy voy a hacer una excepción, porque el tema es jugoso.

Samsung ha anunciado un nuevo modelo de Smartphone, el Galaxy Alpha. Aquí lo tenéis en toda su gloria:

Samsung Galaxy Alpha
Imagen tomada de la web de Samsung España

¿Os recuerda a algo? ¿Sí? ¡Exacto! Su diseño en general, y su marco en particular, son una copia descarada del de los iPhone 4 y 5. Para más inri, la propia Samsung lo publicita con eslóganes como “No te conformes con ser uno más”.

¿Cuánto tardará Apple en demandar a Samsung por su nuevo diseño? Se admiten apuestas…

domingo, 10 de agosto de 2014

Derecho al olvido: Google contraataca

Hace unas semanas hablaba del llamado derecho al olvido, nombre dado a una sentencia del Tribunal Supremo de la Unión Europea que obliga a los buscadores en Internet a eliminar de sus resultados enlaces que dañen la imagen de ciudadanos. En dicho artículo, llegaba a la conclusión de que este mal llamado derecho era, en realidad, una forma encubierta de censura.

Pues bien, parece que no soy el único que piensa así. Google no sólo ha atendido las solicitudes con una celeridad sorprendente (probablemente para conseguir que la prensa hable del asunto), sino que además ha comenzado a notificar a las webs enlazadas la retirada de los enlaces, algo a lo que la sentencia no obliga. El objetivo es claro: hacer que los medios enlazados se hagan eco.

Y parece que lo está consiguiendo. La Fundación Wikimedia ha publicado una lista de enlaces eliminados de Google a través del derecho al olvido. Entre ellos se encuentran algunos que apuntaban a artículos sobre delincuentes y organizaciones criminales.

Ojalá actuaciones como ésta ayuden a desmontar el mal llamado derecho al olvido. Aunque mucho me temo que con una Unión Europea tan lenta y burocratizada como la que tenemos, cuando realmente se pongan con ello ya esté aceptado e institucionalizado.

sábado, 5 de julio de 2014

El derecho al olvido: una forma de censura

Uno de los temas que más tinta (electrónica) ha hecho correr en las últimas semanas es el llamado derecho al olvido. Este consiste, en palabras llanas, en el derecho de cualquier ciudadano a que se "olvide" (en otras palabras, que dejen de publicarse) hechos pasados que han dejado de ser ciertos. En base al citado derecho, el Tribunal Supremo de la Unión Europea dictó hace pocos meses una sentencia en la que obligaba a los motores de búsqueda en Internet (como Google) a retirar enlaces a artículos y textos cuando el afectado hiciera la petición oportuna. Esta semana, Google ha comenzado a cumplir las primeras solicitudes.

Creo que hay un gran número de equívocos en todo este asunto. Para empezar, la sentencia indica que el interesado debe presentar una solicitud a cada uno de los buscadores. Son cuatro los buscadores más usados (Google, Bing, Yahoo y Ask.com), y decenas los menos conocidos. Es de suponer, por tanto, que nunca seamos capaces de solicitar el olvido a todos los buscadores existentes. Pero, si el objetivo es evitar que periodistas y departamentos de recursos humanos husmeen en nuestro pasado, ¿realmente sirve esto de algo? ¿Cuánto tardarán los investigadores en comenzar a usar buscadores desconocidos por el público, si no lo hacen ya?

También conviene preguntarse qué criterios siguen los buscadores para aceptar o rechazar una petición, o cómo se comprueba que la petición es legítima y proviene realmente del interesado. No es difícil imaginar escenarios en los que alguien intente ocultar un artículo perfectamente legítimo basándose en que contiene insultos o descalificaciones a un tercero.

Y todo esto sin olvidar que la sentencia afecta únicamente a los buscadores: nada dice, por supuesto, de la retirada de los artículos originales, ya que podría enfurecer a la prensa. Y con razón: sería un flagrante ataque a la libertad de prensa. Pero si el artículo original sigue estando disponible en la web de un diario digital, por ejemplo, nada nos impedirá encontrarlo usando su buscador local. Vuelta a la casilla de salida.

Pero, más allá de todo esto, hay un problema ético de fondo: el derecho a la información. Como ciudadanos, tenemos derecho a tener información objetiva (o, al menos, a conocer puntos de vista complementarios). La ejecución de esta sentencia vulnera este derecho, y nos priva (aunque sea parcialmente) del acceso a esa información. De forma peligrosamente parecida a cómo el gobierno chino obliga a los buscadores a bloquear informaciones contrarias al régimen.

Estoy plenamente convencido de que Internet está provocando un segundo renacimiento cultural, sólo comparable al producido por la invención de la imprenta hace cinco siglos. En nuestras manos está el enfrentarnos a este nuevo tiempo, el decidir qué vamos a hacer, y cómo queremos que sea el mundo a partir de ahora.

jueves, 28 de enero de 2010

Apple iPad: decepcionante

Supongo que a estas alturas ya lo sabréis. Apple ha presentado ayer su esperado tablet PC. Y tan esperado. Ha sido uno de los secretos peor guardados en Cupertino.

La configuración no sorprende a estas alturas. Procesador a 1 Ghz (probablemente basado en ARM, al igual que las líneas iPod, iPod Touch e iPhone, pero habría que confirmarlo), integrado en un sistema-en-un-chip diseñado por Apple. Pantalla de 9.7" a 1024x768 (por tanto no panorámica, y esta es una de las pocas sorpresas) y con superficie multitáctil. 16, 32 o 64 GB de memoria flash, soporte Wi-Fi y Bluetooth, soporte 3G opcional, y sólo dos puertos: conector de auriculares y conector de dock (probablemente compatible con el del iPod/iPhone). Ni puertos USB, ni lector de tarjetas, ni teclado físico. Todos ellos los vende Apple aparte. Como sistema operativo, el iPhone OS. Y en el apartado de software, incorpora navegador, cliente de correo, mapas, librerías de fotos, vídeo, música y libros, y una pequeña suite de productividad (contactos, calendario, bloc de notas). Podéis comparar estas características técnicas con las que predije el verano pasado, y veréis que acerté casi en todo. Sólo me equivoqué en el procesador, que creía (sinceramente) que sería un Intel Atom.

Pasada la emoción inicial, analicemos qué tenemos entre manos. Es un ordenador con pantalla táctil de 10", un procesador modesto, y una capacidad de almacenamiento limitada (aunque suficiente para la mayor parte de los usos). Se puede considerar un iPod grande o un netbook táctil. Sin embargo, queda a caballo entre los dos mundos: su tamaño le hace perder portabilidad, y las limitaciones de su sistema operativo (iPhone OS, el único sistema moderno monotarea) y la falta de teclado físico le hacen perder funcionalidad. Y por si esto fuera poco, el iPad está limitado por el talón de Aquiles del iPhone: la App Store. Sólo es posible instalar y usar software bendecido por Apple, lo que dificultará o impedirá que se vean aplicaciones interesantes (recordad lo que pasó con Skype u Opera - y eso que no soy precisamente fan de las compañía noruega, ya sabéis).

Pero lo peor es el precio. El modelo básico, con 16 GB de memoria flash y sin soporte 3G, cuesta 499 dólares estadounidenses. Los modelos con soporte 3G cuestan 130 dólares más que las normales. Y el más caro de la gama llega a los 829 dólares. A lo que hay que sumar el absolutamente necesario lector de tarjetas y, quizás, también el teclado externo. Que no creo que cuesten menos de 30 y 50 dólares, respectivamente.

Pero, ¿cuánto costará en España? Ahora mismo, el iPod Nano 5G de 8 GB cuesta 149 dólares en Estados Unidos y 139 Euros en España. Así que no creo que el precio del iPad por estos lares sea de mucho menos de 500 Euros. Una pasada, cuando no es difícil comprar por 250 Euros un Acer Aspire One 250 (por ejemplo) con Windows 7, 250 GB de disco duro y toda una suite de herramientas multimedia, que, si bien menos elegante, puede hacer todo lo que hace el iPad, y mucho más.

No sé qué pensar. Espero, por el bien de Steve Jobs, estar equivocado. Pero creo que Apple ha patinado con este lanzamiento. Le sobra precio y le falta flexibilidad. De momento, ni se me pasa por la cabeza el considerar comprarlo. Los chicos de Jobs se lo tendrán que currar para conseguir cambiar mi forma de pensar.

Ficha técnica

Categoría: hardware / netbook
Fabricante: Apple
Producto: iPad
Plataforma: iPhone OS
Web: http://www.apple.com/ipad/ (en inglés)
Precio: entre 499 y 829 dólares EE.UU.
Lo bueno: Diseño. Software sencillo e integrado. Calidad de fabricación.
Lo malo: Limitado y poco potente por culpa del software. Caro. Dispositivos imprescindibles, como puerto USB, lector de tarjetas o teclado físico, vendidos por separado.

viernes, 31 de julio de 2009

Robo de derechos digitales

La noticia saltó la semana pasada. Amazon borró dos libros digitales de los lectores electrónicos Kindle de sus clientes porque, supuestamente, la editorial que los comercializaba no había obtenido los derechos correspondientes para el mercado norteamericano. El que los libros fueran, precisamente, 1984 y Rebelión en la Granja de George Orwell, no hizo sino disparar las conspiranoyas de la gente. El tema ha sido tan sonado que el propio fundador y presidente de Amazon, Jeff Bezzos, ha considerado necesario dar la cara y pedir perdón públicamente.

El problema no es que Amazon borrase esos dos libros. No. El problema, más de fondo, es que tenía todo el derecho para hacerlo. No es sólo que su plataforma, el lector electrónico Kindle, permita eliminar físicamente archivos adquiridos por el usuario. También, los términos bajo los que el usuario adquiere dichos archivos permiten a Amazon hacerlo legalmente.

Es la vieja historia del control de derechos digitales (más conocido por sus siglas en inglés, DRM). Está diseñado a medida de las grandes distribuidoras. Por un lado, técnicamente, bloquea el contenido para que sólo podamos hacer con él lo que las distribuidoras consideran adecuado (a sus intereses, al menos). Por otro, legalmente, consiste en una cesión de derechos, que las distribuidoras pueden revocar en cualquier momento unilateralmente. En la práctica, esto significa que no compramos el contenido. En el mejor de los casos, lo alquilamos por tiempo ilimitado. Y muy pocas empresas lo indican claramente al consumidor.

El ejemplo más claro es el de los servicios de música por suscripción. Por una razonable cifra de 5 o 10 Euros al mes, podemos descargar a nuestra colección toda la música que queramos. Pero si dejamos de pagar la cuota, los miles de canciones que tan trabajosamente nos hemos descargado dejan de funcionar. Y aún en las modalidades de venta más tradicionales hay riesgo de perderlo todo: cuando Microsoft decidió cerrar su servicio MSN Music, todos los usuarios que habían adquirido música en ese portal perdieron sus colecciones completas. Ocho cuartos de lo mismo sucedería en el caso de que Apple diera de quiebra: todas las canciones de iTunes adquiridas con protección quedarían huérfanas.

La solución, por supuesto, pasa por adquirir siempre medios (música, vídeos, libros, etc.) en formatos estándar y sin sistemas de protección. En ese caso, estamos seguros de que el archivo continuará funcionando siempre que tengamos un reproductor o visor que soporte el formato, con independencia de los caprichos o devenires de la empresa que nos lo vendió.

El problema es que, hoy por hoy, hay pocos servicios que ofrezcan esta modalidad, y, hasta donde yo sé, ninguno opera en España. Amazon vende toda su música en formato MP3, pero su servicio sólo está disponible en Estados Unidos. Por su parte, Apple también permite comprar música en formato AAC de alta calidad y sin protección, en un servicio que, en este caso, sí está disponible en España.

En cuanto a libros, las pocas editoriales que ofrecen versiones electrónicas de sus publicaciones en formato PDF, lo hacen a precios muy similares a las ediciones en papel, obviando la evidente reducción de costes de manufactura y logística que suponen. Y los que, como Amazon, ofrecen libros a precios razonables, lo hacen en formatos propietarios y con protección de derechos.

jueves, 18 de junio de 2009

Quieren que Windows 7 incluya Opera

Al fin la gente de Opera se ha quitado la careta. No ven suficiente que Microsoft no incluya Internet Explorer en Windows 7. Ahora quieren que la Unión Europea obligue al desarrollador estadounidense a incluir en su sistema operativo los navegadores de la competencia. O, al menos, Opera. Claro.

"No creo que el anuncio de Microsoft restaure la competencia. No creo que vaya a ser suficiente", declara Hakon Wium, directivo de Opera. Me parece que es tener la cara más dura que el cemento.

Siguiendo con su razonamiento, Windows debería venir con Firefox, Safari, Google Chrome, Opera, e incluso Flock y Lynx, preinstalados. Pero, ¿porqué parar aquí? Microsoft Office es también un monopolio. Así que debería llevar también Open Office y KOffice. Y como Adobe Photoshop, Illustrator e InDesign son también monopolios, de paso, pondríamos GIMP, Paint.NET, Inkscape y Scribus. Y así podríamos seguir ad infinitum. Acabaríamos con una versión (o más propiamente distribución) de Windows que ocuparía (como poco) 47 DVDs, y requeriría 1 TB de disco duro para la instalación completa.

Los que quieren o necesitan un sistema operativo que permita elegir libremente sus componentes (incluido el sistema de archivos) ya tienen Linux, una opción más que válida para esas necesidades (y muchas otras). Pero el usuario final lo único que quiere es que el sistema funcione recién instalado. Ni andar probando ochenta navegadores diferentes, ni tener que andar eligiendo cuál poner como predeterminado. Teniendo eso en cuenta, el que Explorer venga preinstalado es lo más razonable para el usuario.

Y lo digo yo, que no paro de promocionar Firefox. Pero es que hay cosas que son de cajón.

Más información: http://www.europapress.es/tecnologia/internet-00446/noticia-opera-no-ve-suficiente-ausencia-ie-windows-20090615150215.html

jueves, 21 de mayo de 2009

Impresiones sobre la RC de Windows 7

Hace dos semanas, Microsoft publico en su sitio web la RC de Windows 7. El lanzamiento, por supuesto, no fue tan esperado, ni causó tanto revuelo como el de la beta. Pero, aún así, muchos de los que nos movemos en este mundillo de la informática descargamos la nueva versión, y comenzamos a ponerla a prueba.

Mi experiencia no comenzó con buen pie. Una supuesta incompatibilidad con VMWare hacía que Windows 7 fuera extremadamente lento, aunque conseguí dar con una solución. Por ello, y como creo que puede ayudar a otros usuarios, le dedicaré un artículo otro día.

Una vez puesto todo en orden, me encontré con lo que me esperaba: una versión igual de sólida -aparentemente- que la RC, y con muchas menos "aristas". Una de las cosas que primero llama la atención es que el sistema de Control de Cuentas de Usuario (UAC) ha sido revisado desde la beta, de forma que ahora las operaciones "protegidas" del sistema operativo (las marcadas con un escudo de cuarteles azules y amarillos) se ejecutan inmediatamente, en lugar de mostrar un diálogo de elevación de privilegios. Esto significa que, en la práctica, sólo veremos esos diálogos cuando instalemos o desinstalemos un programa, algo que no sucede todos los días. El sistema en su totalidad se siente más suave que en la beta, como era de esperar, y hay una pequeña reducción del consumo de recursos frente a la versión de enero. Más allá de eso, no hay grandes cambios inmediatamente visibles. Windows Media Player ha ganado una función de streaming que permite "enviar" el audio a otro ordenador, y otras aplicaciones han ganado funcionalidades menores. La nueva barra de tareas, mi queja número uno respecto a la beta, me ha parecido más amigable, quizás porque la hayan retocado o (más probablemente) porque me he ido acostumbrando a ella.

En cuanto a estabilidad y compatibilidad, no puedo decir gran cosa sin mentir, ya que no he usado Windows 7 RC en el día a día. Pero amigos míos que sí lo han hecho (y que incluso se han aventurado a instalar la versión de 64 bits) se han encontrado un sistema aún más fiable, si cabe, que la versión beta. La versión de 64 bits, parece, está suficientemente madura para su uso generalizado.

Parece que Windows 7 ha llegado a la fase de "bloqueo de características" (el momento en el desarrollo de un producto en que se deja de implementar nuevas características y el equipo se centra en corrección de errores y optimización). Y, llegados a este punto, es hora de echar la vista atrás y comparar a Windows 7 con las versiones anteriores, para ver qué se ha avanzado. Para hacerlo, he tomado Windows XP (la versión original de octubre de 2.001), Windows Vista (también la versión original de enero de 2.007), Windows 7 beta y Windows 7 RC, y he medido el tiempo de arranque (desde la BIOS hasta desplegar el menú Inicio), la ocupación de memoria "en vacío" y la ocupación de disco. Estos son los datos que he obtenido:

ArranqueMemoriaDisco
Windows XP1:0473 MB1,17 GB
Windows Vista2:25328 MB5,29 GB
Windows 7 beta2:31298 MB5,38 GB
Windows 7 RC2:23294 MB5,40 GB

La máquina virtual de Windows XP contaba con 256 MB de memoria; todas las demás, con 512 MB (en mi experiencia, una cantidad razonable para la versión 6 del kernel NT). Para optimizar el sistema, tanto en Vista como en 7 he desactivado el indexador de Windows Search y el servicio de Windows Defender; además, VMWare no permite usar Aero. Por lo demás, la configuración es la estándar (y estos cambios se aplican a los tres sistemas basados en NT 6). Para igualar las diferencias, en el espacio en disco no he contado el archivo de intercambio ni (en caso de haberlo) el archivo de hibernación, que dependen más de la cantidad de RAM instalada que del sistema operativo en sí.

Desde luego, estos no son los datos que muchos se esperarían. No yo, al menos. Pero el cronómetro es tozudo: Windows 7 es ligeramente más rápido y más eficiente que Windows Vista en el mismo hardware, pero sólo marginalmente. En el uso día a día (incluso dentro de una máquina virtual) parece más "responsivo" que Vista, e incluso con hardware actual (procesadores multinúcleo y más de 2 GB de RAM) se desenvuelve mejor que XP; pero no hay manera de medirlo objetivamente, y puede no ser más que otro caso de efecto placebo.

Este artículo lo he escrito en base a datos objetivos, pero también en base a mis observaciones e impresiones, y las de algunos amigos y conocidos que han trabajado con la RC. Todo lo que sean opiniones y conclusiones es discutible, y estoy abierto al debate. En todo caso, al publicar yo los datos, me responsabilizo yo de ellos.

viernes, 3 de abril de 2009

Conficker se desinfla

VirusAl final, parece que la amenaza de Conficker no fue tal. No se han notado ni la ralentización de Internet, ni el aumento de spam. La razón parece ser que, con multitud de entidades públicas y privadas (como Microsoft o la agencia de segurdad del gobierno de los Estados Unidos) trabajando para bloquear el gusano y seguirle la pista a quién le proporcione las órdenes, su dueño probablemente se haya echado atrás para evitar ser encontrado. En todo caso, teorías aparte, es una buena noticia.

Pero no por eso debemos bajar la guardia. La seguridad informática no es algo que se consiga instalando un antivirus. Es, como dirían en una película de artes marciales, un estilo de vida. Ahora que ando más sobrado de tiempo, tengo que retomar mi serie Seguridad para todos.

jueves, 2 de abril de 2009

La triste realidad de Conficker

VirusEn unas horas, millones de PCs infectados por el gusano Conficker se activarán y comenzarán a funcionar como una red de zombies. Lo triste es que esta es la cuarta versión de Conficker que asalta Internet, y que cada una de las cuatro han usado para su propagación un fallo de seguridad de Windows que ya estaba solucionado antes de que apareciera la primera versión del gusano (mediante el boletín MS08-067 del 23 de Octubre de 2008).

Ahora, releed la frase anterior. Y pensad que hay, no unas pocas decenas, ni siquiera unos pocos miles, sino millones de PCs infectados por Conficker. Escalofriante.

Pero lo peor es que no es la primera vez que ocurre. Hace ya seis años, el gusano SQL Slammer atacó decenas de miles de servidores aprovechando otra vulnerabilidad que también había sido corregida meses antes.

En unas horas, millones de ordenadores comenzarán a aceptar y ejecutar órdenes a las espaldas de sus legítimos usuarios. Y todo por algo tan estúpido como no instalar un parche de seguridad que está disponible hace seis meses, y que el sistema de actualización automática de todas las versiones de Windows afectadas habría instalado automáticamente. Si el usuario no lo hubiera desactivado, claro. Pero es que Microsoft ha creado Windows Update como una oscura herramienta destinada a espiar nuestros movimientos y robarnos la facturación de la empresa, las claves de Gmail y Yahoo, y las cartas de amor que le escribimos a la novia.

La moraleja de esta historia es clara: es importantísimo tener activado Windows Update para mantener seguro nuestro ordenador. Mucho más importante, de hecho, que tener un antivirus: si instalamos un antivirus y desactivamos Windows Update, casi seguro que nos acabará entrando algún tipo de malware. Y esto vale también para Mac OS y Linux: también ellos tienen herramientas de actualización automática que debemos tener activadas.

Ojalá esta vez tomemos nota. Quién no es capaz de aprender de la historia está condenado a repetirla.

Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Conficker, http://www.microsoft.com/latam/technet/seguridad/boletines/2008/ms08-067.mspx, http://en.wikipedia.org/wiki/SQL_slammer_(computer_worm) (en inglés)

lunes, 2 de febrero de 2009

Apple consigue la patente de la pantalla táctil multipunto

Parece ser que Apple se ha llevado el gato al agua una vez más. Ha conseguido que la oficina de patentes de los Estados Unidos le reconozca la invención de la pantalla táctil multipunto, un dispositivo que está muy en boga últimamente, y que lo estará más aún en los próximos meses y años. Ha venido para quedarse.

Los primeros desarrollos de la tecnología datan, sorprendentemente, de principios de los años 80, más concretamente de la Universidad de Toronto y los Bell Labs, los laboratorios de I+D de la compañía telefónica estadounidense AT&T. El primer lanzamiento comercial es muy posterior: en 1999, Fingerworks lanza una gama de touchpads con soporte de gestos multipunto. Dos años más tarde, en 2001, Microsoft Research comienza a trabajar en Microsoft Surface, un concepto que combina ordenador y pantalla táctil en un mueble con forma de mesa de café. El proyecto se da a conocer en 2006 en la web de Microsoft Research, aunque en ese momento no se muestra interés en comercializarlo. Recuerdo haberlo visto en su día y leer, entre las especificaciones, que usaba una versión reducida de Windows Vista, por aquel entonces en fase beta.

Poco después, en enero de 2007, Apple anuncia el iPhone. A partir de ahí, los acontecimientos se precipitan, que dirían Les Luthiers. Surge una miríada de dispositivos portátiles que, con mayor o menor fortuna implementan interfaces táctiles similares a la de Apple, y la propia Microsoft decide añadir soporte multipunto a la siguiente versión de Windows.

A priori, es sorprendente que Apple se haya hecho con la patente, dados todos los antecedentes. Pero hay que tener en cuenta un pequeño detalle: en 2005, Apple compró Fingerworks, la empresa responsable del lanzamiento del primer dispositivo multipunto. Desde ese punto de vista, la adjudicación de la patente cobra sentido.

Aunque no creo que eso vaya a consolar a los competidores de Apple, que es de esperar que comience a cobrar derechos por usar su invención. En principio hay tres grandes perjudicados: Microsoft, Research In Motion (fabricante de la gama Blackberry) y Palm. Éste último, en mi opinión, será el peor parado. Recordaréis que hace tan sólo un par de semanas presentó una nueva gama de smartphones. Con pantalla táctil multipunto. Esta compañía está muy de capa caída desde la (en opinión de muchos errónea) decisión de abandonar la plataforma Palm OS, y había apostado todo en su nuevo desarrollo. Ahora no sólo tendrá que entrar en un mercado muy competitivo y arrebatarle cuota de mercado a gigantes como Apple, RIM, Google o Nokia, sino que verá reducido aún más su margen de beneficios, y estará a merced de las condiciones impuestas por su principal competidor. RIM no lo pasará mucho mejor, pero al menos Blackberry tiene una cuota de mercado y una imagen en las que apoyarse. Microsoft, por su parte, tendrá que dirigir parte de los beneficios de las ventas de Windows 7 (y futuras versiones) a Apple, lo que no deja de ser irónico después de la lucha que hubo a finales de los 80 entre las dos compañías por la propiedad intelectual de las interfaces gráficas tradicionales.

Habrá que ver en qué acaba todo.

Más información: http://en.wikipedia.org/wiki/Multitouch (en inglés),
http://es.wikipedia.org/wiki/Iphone,
http://es.wikipedia.org/wiki/Microsoft_Surface,
http://research.microsoft.com/ (en inglés)

miércoles, 21 de enero de 2009

El problema de Linux

Como sabéis, Linux es un sistema operativo gratuito. Tiene una buena arquitectura, estable y segura. También tiene una interfaz gráfica amigable y bastante intuitiva. Viene, además, con una suite ofimática, Open Office, también gratuita. Y dispone de gran cantidad de software -una vez más, gratuito- para cubrir todas las necesidades.

Por el contrario, por Windows hay que pagar licencia. Y aparentemente es más inseguro e inestable. Al menos, abundan las historias de infecciones con virus y troyanos, y de cuelgues y pantallas azules. Además, la suite ofimática más habitual (Microsoft Office) y muchas de las aplicaciones más frecuentes son también de pago.

Y sin embargo, siendo en teoría peor producto y mucho más caro, está instalado en más del 90% de los ordenadores de todo el mundo y viene con casi todos los equipos nuevos. Gran parte de las instalaciones son piratas, pero aún el número de copias legales es varios órdenes de magnitud superior a la base instalada de Linux.

La razón, en mi opinión, hay que buscarla en la comunidad de usuarios de Linux. Lejos de ser comprensivos con los usuarios de Windows y animarles a cambiar de sistema operativo, lo más habitual es encontrárselos criticando el monopolio capitalista de "Micro$oft" y escribiendo cómo los usuarios de Windows son vagos o estúpidos por no querer cambiar de sistema. Haciendo esto ignoran la verdadera razón: que Linux aún no está listo para que un usuario de a pie lo instale y lleve a cabo por su cuenta tareas administrativas comunes como instalar programas o drivers, o configurar una red local con carpetas e impresoras compartidas. Y lo que es peor, hacen que los usuarios de Windows huyan horrorizados u ofendidos ante esas actitudes: no puedes insultar a alguien y pretender luego que te dé la razón.

Al usuario normal no le importa si Linux es mejor o peor que Windows. Le importa qué puede hacer con el ordenador. Con Windows, aunque el ordenador le vaya lento y tenga que andar a vueltas con el antivirus, puede instalar eMule, DivX e iTunes para descargar películas y música; imprimir en la impresora del ordenador de la salita; o jugar al Grand Thief Auto. Y puede hacer todo esto más o menos solo, sin ayuda. Con Linux, muchas de estas cosas requieren ensuciarse las manos hurgando en el sistema (o, en el caso del GTA y otros juegos, son directamente imposibles). El resultado: el usuario medio que prueba Linux suele acabar pensando "prefiero pagar por algo que me quita dolores de cabeza". Y volviendo a Windows.

Windows necesita competencia. Microsoft es la típica compañía que sólo se mueve cuando se siente amenazada, y Linux puede ser un buen acicate para que Windows mejore. Pero para eso, primero tiene que ser una alternativa creíble. Ojalá suceda algún día.

lunes, 5 de enero de 2009

Entretenimiento digital: toda la música de la historia

En el anterior artículo, veíamos cómo la cantidad de material disponible en una tienda de discos, un videoclub o una librería tradicional era limitada. Las leyes del mercado obligan a ofrecer sólo el material rentable, y, por tanto, aquellos discos, películas o libros cuyas ventas no sirven para "pagar el alquiler" del espacio que ocupan en las estanterías, no pueden estar disponibles.

Pero ahora estamos en el siglo XXI, e Internet está al alcance de casi todo el mundo.

Las reglas del juego han cambiado. Ahora, si montamos una tienda de música por online, el coste de ofrecer a la venta un álbum es el de los 60 Mb de espacio en disco que ocupa. Al precio que está el almacenamiento, no es mucho. Y lo mejor es que ese coste sólo hay que pagarlo una vez. En la práctica, es como si tuviéramos una tienda de discos infinitamente grande: podemos ofrecer en un único sitio toda la música grabada en la historia. Aunque muchos de los álbumes ofrecidos no vayan a vender ni siquiera una copia al año. ¿Qué importa? Realmente no está costando casi nada ofrecerlos, y con sólo una venta se recuperarán con creces los costes.

Sin embargo, la música que oimos en la radio y en la televisión es la única que conocemos. Y eso condena al desconocimiento más absoluto al 99% de nuestro catálogo, ¿cierto? Pero Internet aquí también tiene otra respuesta. Amazon, pionera en el mercado de la venta de libros por Internet, impementó hace ya diez años un sistema de sugerencias por el cual se informaba a los usuarios de otros libros que podían ser de su interés. Si nuestra tienda de discos virtual implementa este sistema de sugerencias, saltando de artista en artista, puedo partir del último trabajo de La Oreja de Van Gogh, y acabar conociendo la obra de un grupo de rock progresivo de los años 70 del que nadie en mi entorno había oído hablar antes.

La consecuencia es que no sólo hay muchas más obras al alcance del consumidor. También pueden ser conocidas por éste de una forma más fácil.

Sin embargo, es normal que la industria discográfica tradicional esté nerviosa ante este modelo. Durante años, las discográficas han "fabricado" grandes estrellas, vendedoras de superéxitos. Sin embargo, el dinero del consumidor es limitado. Por eso, cuanto más gaste en el extremo de la cola, menos grandes éxitos va a comprar. Si a esto le sumamos que Internet permite a los artistas vender (o incluso regalar) su música directamente a sus fans, saltándose los canales de distribución tradicionales, estamos ante un vuelco de primer orden. Y no sólo va a ocurrir con la música. Los servicios de impresión bajo demanda, como Lulu.com o Blurb y los sitios dedicados al alquiler de películas online (que a menudo ofrecen una excelente plataforma para realizadores independientes) están cambiando los otros medios también.

Está claro que nos estamos moviendo. Y está claro en qué dirección vamos. Pero, ¿hasta dónde llegaremos? Sólo el tiempo lo dirá.

martes, 30 de diciembre de 2008

Entretenimiento digital: La cola larga

Los que seguís mi blog, habréis leído en más de una ocasión que el modelo de la industria del entretenimiento (música, cine, literatura, juegos, etc.) está cambiando. Y que quien no se adapte, desaparecerá. Pero, ¿en qué consisten exactamente los cambios? En la miniserie de artículos que hoy comienzo intentaré analizarlo.

Hace unos años, en octubre de 2004, Chris Anderson publicó en la revista Wired un artículo titulado The Long Tail, algo así como "la cola larga". A lo largo de más de cinco páginas, detallaba pormenorizadamente un hecho sencillo, pero muy importante para entender qué está pasando con la industria del entretenimiento: las obras (películas, álbumes musicales...) menos populares generan menos demanda que las más populares (obviamente). Pero la demanda generada por las obras exitosas es menor que la demanda acumulada de las obras que no han tenido éxito.

Así dicho, es un poco farragoso. Pero si dibujamos un gráfico en el que por un lado ponemos la popularidad de la obra, y por otro la demanda que genera, la cosa comienza a tener más sentido:



¿En qué afecta esto al consumidor? Bien, tomemos el ejemplo de Deutsche Grammophon. Este sello discográfico tiene más de un siglo de andadura (fue fundado en 1.898), y a lo largo de ese tiempo ha juntado un catálogo de miles de grabaciones. De música clásica, por supuesto, un género que no mueve grandes masas como el pop o el rock alternativo. Y aquí está el problema. Si vamos a una tienda de discos, o a la sección de entretenimiento de una gran superficie, nos podemos encontrar a lo sumo unas pocas docenas de grabaciones de Deutsche Grammophon. Entre ellas, las sinfonías 5ª y 9º de Beethoven, obras para órgano de Bach, conciertos de Mozart, y cosas por el estilo. Pero, por mucho que lo busquemos, no vamos a encontrar una grabación histórica de la Filarmónica de Viena interpretando la Sinfonía Fantástica de Berlioz en 1.939. Sencillamente, la popularidad de esa obra no es muy grande, y la popularidad, por tanto, es baja. A lo mejor se podría vender un CD en diez años (o lo mismo, ni siquiera eso). Y esas ventas tan reducidas no justifican que el disco esté ocupando espacio en la estantería, desplazando a otros que (probablemente) se venderían mejor.

La consecuencia es clara: desde la creación de la industria discográfica a finales del siglo XIX, es probable que se hayan grabado millones (o incluso decenas o centenares de millones) de álbumes musicales. Pero sólo una fracción infinitesimal de ellos (¿1.000? ¿2.000?) están a nuestra disposición en las tiendas de discos. Sobre todo, por limitaciones de espacio. O al menos, así era hasta finales del siglo XX.

En el próximo artículo veremos qué ha cambiado en el siglo XXI. Aunque creo que ya os imagináis por dónde van los tiros.

Más información: http://www.wired.com/wired/archive/12.10/tail.html (en inglés)

jueves, 25 de diciembre de 2008

Aumentan las ventas de música por Internet

El titular de este artículo no es una sorpresa. Tampoco lo es que se vendan menos CDs. La sorpresa viene cuando nos enteramos de que las ventas de música por Internet (las "descargas pagadas") han aumentado más que las descargas de las redes P2P. ¿O no deberíamos sorprendernos?

Yo, personalmente, no me he sorprendido mucho. Este momento tenía que llegar. Siempre he dicho que la gente descarga música del eMule principalmente por dos razones: por falta de alternativas, o por estar quemados de cómo operan discográficas y gestoras de derechos. En cuanto a la primera razón, hoy en día, hay numerosas alternativas de pago viables (aunque en Europa estamos todavía en el vagón de cola). En iTunes Store, por ejemplo, si tienes una cuenta vinculada a tu tarjeta de crédito, puedes comprar una canción o un álbum con dos clics a un precio razonable.

En cuanto a la segunda razón, en los últimos tiempos han surgido gran cantidad de discográficas independientes o incluso grupos musicales que ponen su música a disposición de sus fans directamente, saltándose a las grandes multinacionales. En algunos casos, gratis; en otros, cobrando algo (habitualmente menos que las tiendas "oficiales", como iTunes), o pidiendo una donación voluntaria a cambio. Y casos se han dado de grupos que con esas donaciones voluntarias han recaudado más dinero que con la venta de CDs físicos.

Ya lo he dicho más de una vez, y lo vuelvo a repetir: los tiempos cambian, el mercado del software (música, vídeos, películas, programas de ordenador...) está cambiando. Y los dinosaurios que no se adapten, desaparecerán. Cada vez está más claro.

Más información: http://www.npd.com/press/releases/press_081218.html (en inglés)

domingo, 21 de diciembre de 2008

Menos zoom, por favor

Después de discutir la resolución del sensor y el factor de forma, aún me queda un tema que tratar en esta miniserie: el del zoom.

Todo el mundo sabe que el zoom explica lo "lejos" que se puede llegar ampliando la imagen. Y, desde ese punto de vista, más zoom es mejor. Pero aquí también hay una cosa que se callan los fabricantes cuando anuncian las cámaras.

El tema es que, con el zoom desactivado (en el "extremo ancho"), no todas las cámaras cubren el mismo ángulo. Hay un dato, la "distancia focal equivalente" (a menudo abreviado como "distancia focal"), que lo mide. La mayoría de las cámaras compactas parten de una distancia focal de 35 mm., que suele ser adecuada cuando sacamos paisajes o fotos de monumentos (dos de los usos más habituales de las cámaras domésticas). Si se nos queda un poco corto y no nos cabe la torre de la catedral, nos alejamos unos pasos, y ¡listos! Ya tenemos la foto. El problema es que en interiores, cuando nos echamos para atrás, a menudo nos encontramos con una pared. Si habéis intentado fotografiar una fiesta de cumpleaños, sabréis a qué me refiero.

Para evitarlo, en algunas cámaras el zoom parte de 28 o incluso 24 mm. A una "distancia focal" de 24 mm., la cámara captura un 50% más de espacio que a 35 mm. Y ese 50% de espacio es, os lo puedo asegurar, fundamental en interiores.

Por otra parte, la mayoría de las compactas vienen con un zoom de 3x que termina (las más de las veces) en 105 mm. (3x35 mm.). Hay modelos con zoom de 4x, 6x, o incluso 10x. Pero, en la práctica, sólo son útiles en muy contadas ocasiones, para captar detalles de monumentos o hacer una foto de un lugar al que no podemos acercarnos más. No es malo que una cámara tenga mucho zoom, pero sí es menos importante que la distancia focal inicial.

La distancia focal va impresa en el frontal objetivo, así que es fácil saberla simplemente mirando la cámara. En mi Canon PowerShot A720, pone "5.8-34.8 mm.". Esto es la distancia focal "real", y para obtener la "equivalente" hay que miltiplicarlo por un factor, que depende del tamaño del sensor, pero que en casi todas las compactas y bridges es 6. Así, multiplicando por 6, los números del objetivo de mi A720 se convertirían en 34.8-208.8 (muy cerca del valor real de 35-210 mm., y suficiente como aproximación). En las réflex, el número por el que hay que multiplicar varía entre 1 y 2, dependiendo del tamaño del sensor, siendo 1,5 y 2 los factores más frecuentes.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Una réflex, por favor

En el anterior artículo mencionaba la medida de megapíxeles por centímetro cuadrado (Mp/cm²), y cómo podía ser una medida de la calidad de imagen entregada por el sensor de una cámara.

Como decía, las compactas suelen rondar los 35 Mp/cm², mientras que las réflex se mantienen entre los 2 y los 4 Mp/cm². Por poner dos ejemplos típicos, la Canon PowerShot G10 tiene exactamente 34 Mp/cm², y la Nikon D90, 3,3 Mp/cm². Las "bridge", pese a ser más parecidas en volumen y peso a las réflex, están construidas sobre sensores del mismo tamaño de los usados en las compactas, y tienen tamaños de píxel similares. Sin ir más lejos, la Olympus SP-565UZ monta un sensor de 36 Mp/cm².

Por tanto, en cuanto a calidad de imagen, entre los tres tipos de cámaras, sin dudarlo, las reinas son las réflex. Eso no es ninguna sorpresa. Lo que sí sorprenderá a más de uno es saber que las bridge están más cerca de las cámaras de bolsillo que de sus hermanas mayores. Cierto es que montan mejores ópticas que las compactas. Pero con sensores de ese tamaño, las limitaciones impuestas por el ruido pesan más que las de las ópticas. Y, precisamente por eso, usar una óptica con la calidad de una réflex en un sensor del tamaño de una compacta no aumenta mucho la imagen.

En el tercer y último artículo de la serie entraré, precisamente, en el tema de las ópticas. Más concretamente en el rango de distancias focales, o el "zoom", como se conoce popularmente.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Menos megapíxeles, por favor

Lo primero que me pregunta la gente cuando me ve con una cámara nueva es: "¿de cuántos megapíxeles es?". Algunos preguntan a continuación: "¿qué zoom tiene?". Natural. Son las dos cifras que se usan habitualmente para anunciar una cámara digital, igual que los megahertzios de un procesador, o los gigas (o teras) de un disco duro.

Sin embargo, contrariamente a lo que se cree, no siempre es mejor una cámara con más megapíxeles. A veces, hasta puede llegar a dar peor calidad de imagen.

Las cámaras compactas, por su reducido tamaño, están obligadas a usar un sensor pequeño. No sólo pequeño, sino de un tamaño limitado. Esto quiere decir que, cuantos más megapíxeles tenga el sensor, más pequeño será cada píxel. Lógicamente, cuanto más pequeño es el píxel, menor cantidad de luz puede recoger. Y más hay que "amplificar" la "señal" que produce para obtener una imagen adecuada.

Ahora, recordad las cintas de casete. Si una cinta estaba bien grabada, el ruido de fondo casi no se notaba. Pero en una cinta mal grabada, teníamos que subir el volumen. Y eso amplificaba tanto la música como el ruido de fondo.

Con las cámaras compactas pasa lo mismo: cuantos más megapíxeles tiene el sensor, más hay que "amplificar" la señal, y, por tanto, más ruido obtenemos. Hasta 8-10 megapíxeles, el ruido se mantiene a un nivel aceptable. Pero a partir de ahí, se eleva tanto que la cámara tiene que filtrar la imagen para mantenerla "visible". Y este filtrado muchas veces elimina detalle de la imagen. El resultado: en la práctica, una cámara de 14 megapíxeles produce el mismo nivel de detalle que una de 10 megapíxeles. O incluso menos, si estamos disparando de noche o en interiores.

Para los que os gustan los datos técnicos, he aquí una característica que casi ningún fabricante cita en las especificaciones: los megapíxeles por centímetro cuadrado (Mp/cm²). Dadas dos cámaras de la misma quinta, los Mp/cm² son una buena medida del ruido que genera el sensor, y pueden ser empleados como una medida de la calidad de imagen. A grosso modo, las compactas suelen andar entre 30 y 35 Mp/cm², mientras que las réflex suelen rondar los 3 Mp/cm². Este ratio se puede calcular conociendo el tamaño del sensor (un dato que que proporcionan los fabricantes) y el número de megapíxeles, pero yo suelo consultarlo en la base de datos de modelos ("Camera Database") de Digital Photography Review (http://www.dpreview.com/, en inglés).

En el próximo artículo, usaré los megapíxeles por centímetro cuadrado para resolver la eterna cuestión "¿compacta, bridge o réflex?", con un resultado que probablemente sorprenda a muchos. Y en el tercer y último artículo de la serie me meteré con el "zoom" y sus implicaciones.